Columnistas

Descolonización y alimentos

La descolonización y liberación de los cuerpos comienza por la Revolución  del Alimento

La Razón / Helena Argirakis Jordán

00:01 / 02 de mayo de 2013

El lunes pasado, César Navarro fue posesionado como delegado presidencial para la Agenda del Bicentenario 2025, con el objetivo de “planificar políticas de Estado a mediano y largo plazo para el Plan Patriótico del Bicentenario, la materialización de los contenidos de la Constitución Política del Estado y para la continuidad en la construcción del Estado Plurinacional” (ABI).

Dicha agenda, presentada por el presidente Morales el 22 de febrero en el tercer aniversario del Estado Plurinacional, contiene 13 pilares para construir una “Bolivia Digna y Soberana” en el marco del nuevo horizonte civilizatorio para vivir bien. Entre éstos figura la Soberanía Alimentaria, a través de la construcción del “saber alimentarse para vivir bien”. Considero que este es uno de los ejes principales sobre los cuales debe desenvolverse la estrategia transversal de descolonización del Estado Plurinacional, habida cuenta de que, a través del saber alimentarse para vivir bien, se inicia la descolonización de los cuerpos, mente y espíritu de los bolivianos.

La clave descolonizadora fundamental consiste en diferenciar entre “comida-comer” (deglutir para saciar el hambre) de “alimentos-alimentarse” (nutrir, proveer el cuerpo de salud, energía, nutrición a través de la relación con productos que provienen directamente de la naturaleza). Pues la segunda perspectiva posiciona políticamente el alimento no sólo como resultado de un proceso productivo ético y comunitario, relacionado con los modos ancestrales de cultivo y el origen del alimento, sino que además lo vincula con la identidad, cultura, medicina y espíritu. Es decir, vuelve a reencontrar la esencia sagrada-mística del alimento con el proceso de alimentación como un acto de comunidad, compromiso, solidaridad y cultura, que se diferencia del contexto histórico del mundo “moderno” occidentalizado, que reduce este proceso a una mera mercancía y a un acto biológico desprovisto del sentido integral de interconexión que ha tenido durante siglos.

Una de las primeras relaciones que desarrolla el ser humano es su relación con su alimento, y ésta es una relación que nos atraviesa el cuerpo, mente y espíritu, y nos condiciona (para bien o para mal) la vida. Es poco conocido para el público y difundido por la prensa comercial que una de las mayores causas de muerte en el mundo hoy está relacionado con enfermedades crónicas graves producidas por los profundos cambios en las dietas y hábitos alimenticios de los pueblos en los últimos 50 años. Por ejemplo las enfermedades y patologías cardiacas, las consecuencias y efectos de la diabetes, la hipertensión y la obesidad, para nombrar sólo algunas. Actualmente estamos en la era de la comida rápida o chatarra, cargada de azúcar, sal, grasa, carbohidratos, químicos y excesos en las porciones, que conlleva el acecho de enfermedades que impiden que el ser humano pueda “vivir bien”, a diferencia de épocas en las que se disfrutaba de una diversidad de variedades locales de productos frescos, orgánicos, naturales, sin intervención del proceso industrial.

Por lo tanto, la soberanía alimentaria y la construcción del saber alimentarse para vivir bien debe conllevar la Revolución del Alimento, junto con el Ministerio de la Alimentación, que ancla el primer paso en el proceso descolonizador de los bolivianos, al buscar liberar el circuito del origen, modo de producción, acceso, disponibilidad y educación para el consumo de alimentos de la mercantilización y reduccionismo de la integralidad de la comida al acto de comer, deglutir y/o linealmente saciar el hambre. El saber alimentarse implica una posición política, un sistema de alianzas para formar redes y reposiciones de debates, que entrañan la denuncia de un flagelo que subyace a todo: la toxicidad global.

La descolonización y liberación de los cuerpos comienza por la Revolución del Alimento. NdD. La Razón le da la bienvenida a Helena Argirakis, quien con este primer artículo se suma a nuestras páginas de opinión. Es para nosotros un privilegio poder poner a consideración de nuestros lectores las reflexiones y ensayos de esta connotada politóloga e investigadora boliviana.

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