Columnistas

Descolonización bufa

Con el Dakar se hizo lo contrario a descolonizar; se folklorizaron las culturas bolivianas.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar

00:00 / 26 de enero de 2014

El Gobierno tiene la costumbre de hacer todo tipo de muecas descolonizadoras que muchas veces vienen solas y, otras más, acompañadas de contradicciones que sólo les suman notoriedad, lo que resulta una exageración, si se considera que una mueca es ya por sí misma más que notoria.

Ahora, la metida de pata se la lleva el gobernador César Cocarico con su propuesta de cambiar el escudo de La Paz por ser colonizador (claro, la heráldica no es de este continente).

Parece ser que el Gobernador no está al tanto de que es un año electoral y que debe evitar hacer cualquier propuesta que pueda percibirse como demasiado audaz para un electorado supuestamente conservador. Tal fue el caso cuando el año pasado el Movimiento Al Socialismo (MAS) sacó de sopetón el tema del aborto. “No vaya a ser que los clubs de señoronas que juegan rummy y la Conferencia Episcopal nos pulvericen”, debió decirse algún masista.

El caso es que Cocarico lanza la propuesta después de que el MAS se desvive por tratar de reconquistar al electorado paceño (teleférico de por medio), pues es muy complicado ganar una elección general sin tener al municipio de La Paz en el bolsillo, y tras ser derrotado en 2010 por el MSM, éste es uno de los miedos del oficialismo.

Pero más allá de la desubicación electoral de Cocarico, lo importante acá es el fondo de estas muecas descolonizadoras: se pretende descolonizar cambiando de nombre a los lugares (plaza Murillo por Bartolina Sisa), quitando un yelmo a un escudo, cuando de por sí la heráldica no puede ser más europea con o sin yelmo.

Estos ademanes de descolonización son resaltados, paradójicamente, con acciones diametralmente opuestas, como por ejemplo cuando ocurrió la emboscada de cocaleros en Apolo, que hizo decir a Morales que los campesinos “no hacen esas cosas”, trayendo la visión colonial del “buen salvaje”. Más radical fue lo que sucedió con las transmisiones durante el rally Dakar. En donde desde el canal nacional se insistió en mostrar una folklorización de nuestra cultura: saumerios acá y allá, disfrazando de aymaras y quechuas a los competidores y franceses dueños de la franquicia, banderitas y wiphalas por doquier... es decir, la misma postal con que se nos folkloriza desde Occidente: llamita, indiecito con ch’ullu, con quena, una montañita nevadita y un laguito.

La folklorización es precisamente la forma con que la cultura occidental domesticó a las culturas diferentes de ella. Es éticamente cuestionable en un europeo, pero que se folklorice desde el mismo Gobierno que tanto habla de descolonización es ya una contradicción enorme.

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