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Desertificación

La desertificación no debe ser entendida como la expansión ‘natural’ de los desiertos existentes

La Razón (Edición Impresa) / Daniel M. Larrea­

03:20 / 17 de junio de 2014

En 1994, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 17 de junio como el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía. Esta declaración puso en marcha la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD) en aquellos países afectados por sequías, desertificación o ambas. A nivel mundial, se estima que entre 6 y 12 millones de km2 podrían estar afectados por la desertificación, de los cuales 330.000 km2 están en Bolivia, sobre todo en el departamento de Tarija.

La desertificación no debe ser entendida como la expansión “natural” de los de-siertos existentes, o peor aún como un proceso derivado de la fuerte conversión de un bosque. Es un proceso inherente a las zonas áridas y secas subhúmedas que pierden progresivamente su productividad. Está relacionada con la degradación de las tierras de este tipo de regiones y no de otras, que en Bolivia vendrían a ser la prepuna, la puna, los valles secos (los bosques secos andinos) y la llanura chaqueña. Es consecuencia directa del sobrepastoreo, malas prácticas de irrigación, cultivos intensivos y, solo en algunos casos, de la deforestación. El clima desempeña también un papel importante, por lo que la disminución prevista de la precipitación en algunas de estas regiones podría profundizar el problema. ¿Cómo enfrentar a la desertificación?

Primero, es necesario comprender adecuadamente cómo funcionan los ecosistemas existentes en estas regiones. Si la desertificación es producida por actividades humanas (sobrepastoreo y ramoneo), la exclusión del ganado (caprino y ovino si hablamos de Chuquisaca y Tarija) podría permitir la recuperación de la vegetación. Por el contrario, si el clima es la causa fundamental, manejar diferentes cargas animales en función del año, por ejemplo mayor carga en años más lluviosos y viceversa, parece ser la mejor opción. La peor estrategia es la de un sobrepastoreo intensivo luego de una sequía prolongada, lo que ya podría haber ocurrido en el sur de Bolivia. Todo esto requiere un marco normativo e institucional que permita comprender y enfrentar el problema sobre la base de evidencia. En ese sentido, el papel de los científicos bolivianos para entender esta realidad es clave.

Es necesario implementar en Bolivia un sistema de observación y monitoreo de la desertificación que mida con rigor la extensión espacial y el grado de desertificación existentes. Este sistema debe estar compuesto por indicadores que describan las condiciones del suelo, las tendencias de la producción agrícola, el clima y las condiciones socioeconómicas locales. Este sistema ayudará a tomar decisiones informadas sobre la base de evidencia científica. Como en muchos casos, la voluntad política, mejor dicho, la voluntad de todos para solucionar el problema es también imprescindible.

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