Columnistas

Designios

La Razón / Dionisio J. Garzón M.

01:57 / 04 de octubre de 2013

Tal parece que extraños designios han hecho que el oro haya sido esquivo a preocupaciones y afanes de Comibol en su objetivo de incluirlo en su producción minera, pese a varios intentos para acceder a este elemento, que hoy es uno de los más cotizados y de los pocos que tiene intrínsicamente un valor transable y es refugio financiero en tiempos de crisis.

Los yacimientos de oro de estas altas tierras cordilleranas se conocen desde épocas preincaicas. En la historia moderna, ya en 1939 la Compañía Aramayo de Minas de Bolivia había desarrollado explotaciones en gravas auríferas de Tipuani, Guanay y Teoponte; y alrededor de 1950 había definido una reserva de 10 millones de metros cúbicos (m3) con un contenido promedio en oro de 1 onza/m3. Cuando en 1952 se nacionalizan las minas de los tres barones del estaño, aquellos designios hicieron que las minas de oro de Aramayo escapen al alcance del DS 3223 del 31 de octubre de 1952, que mandaba nacionalizar “todas” las operaciones e instalaciones de estos empresarios. Luego operarían allí South American Placers Inc., la Compañía de Minería Aluvional, etc. ¿Por qué no Comibol?

En 1970 y en tiempos de dominio estatal de la minería, en el afán de explorar la frontera norte-noreste con Brasil en busca de estaño aluvial (casiterita en gravas y arenas de río, abundante en la vecina zona de Rondonia), Comibol se embarca junto a otras instituciones (Servicio Geológico, Instituto de Investigaciones Minero metalúrgicas y otras) en un agresivo programa de exploración, que aunque no encontró casiterita en las cantidades esperadas, determinó un gran potencial de oro en la cuenca de los ríos Madera, Beni y Abuná. Anecdóticamente no se continuó con el programa por oro. Algún iluminado dijo entonces que el objetivo era estaño, no oro.

En los 80 otro intento de abrir esa cuenca a operaciones de Comibol termina con la selección de tres áreas: San Antonio del Río, Madre de Dios y Chivé; se consolidan concesiones mineras (más de 600.000 ha) pasa el tiempo, se intentan algunos contratos de riesgo compartido en los 90, que fracasan por inestabilidad política y precios bajos, e inexplicablemente esas áreas acaban revertidas al Estado y ahora las operan particulares. ¿Comibol no representa al Estado para que sus concesiones se reviertan?

Noticias recientes dan cuenta que la producción mayor de oro proviene de cooperativas de la zona tradicional, Tipuani-Guanay-Teoponte, Mapiri, etc., también de los ríos Madre de Dios y Beni. En el primero, una cooperativa opera “a lo largo y ancho” del río Madre de Dios desde la frontera con el Perú y hasta el límite con Brasil, en una modalidad curiosa, para decir lo menos: dragan y procesan gravas auríferas desde balsas que no tienen límite de concesión ni de otro tipo para su trabajo (Perspectiva Minera, La Patria de Oruro 20.09.13). ¿Nuestra legislación permite estas cosas?

Así hemos manejado a lo largo de la historia uno de los rubros mineros con mayor valor, dejando su control al subsector menos preparado para estos trabajos, privando a Comibol de su derecho natural de administración superior de la minería nacional, y dejándola en menesteres menos lucrativos como la minería del estaño. El anuncio de su posible cierre (La Razón 31.09.13) y el posterior nacimiento de la Empresa Corporativa Minera (Ecormin), debería ser oportunidad de ahuyentar los malos espíritus y retomar el control del oro en toda la cadena productiva.

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