Columnistas

Desigualdad y crecimiento económico

La desigualdad es un asunto que le concierne al crecimiento, no es un tema ajeno ni separado

La Razón (Edición Impresa) / Gabriel Loza Tellería

02:12 / 13 de diciembre de 2014

En medio de la turbulencia de la economía global, está pasando desapercibida la reciente investigación de la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OECD por sus siglas en inglés), que agrupa a los 34 países más avanzados del mundo, sobre: ¿La desigualdad del ingreso daña el crecimiento económico?

Después del famoso trabajo de Thomas Piketty sobre la evidencia empírica que demostró la tendencia histórica al aumento de la desigualdad en Estados Unidos y Europa, a varios organismos internacionales se les ocurrió entrar en la moda de estudiar el problema de la desigualdad, incluso al Fondo Monetario Internacional (FMI), aunque siempre con conclusiones ambivalentes: tal vez si o tal vez no. Por eso llama la atención en la investigación de la OECD la claridad de sus conclusiones, que en un breve resumen se presentan a continuación.

En primer lugar, en los últimos 30 años la brecha entre el 10% más rico y el 10% más pobre ha aumentado en los países de la OECD de 7 a 9,5 veces. El ingreso de los más pobres creció lentamente durante la prosperidad, pero cayó considerablemente durante las crisis, aunque creo que mucho más en las poscrisis como resultado de las políticas de ajuste del FMI. El famoso coeficiente de Gini (donde el cero significa que todos somos iguales y en el 1 una sola persona es la que se apropia de todo el ingreso) aumentó de 0,29 en los ochenta a 0,32 en 2012, cerca de tres puntos.

En segundo lugar, la desigualdad del ingreso tiene un efecto negativo en el crecimiento. Así, el aumento de estos tres puntos en el coeficiente de Gini podría haber socavado el crecimiento económico en 0,35% del PIB en cada año, para llegar en 25 años a una pérdida acumulada de 8,5% del PIB. El efecto negativo no es solo al 10% más pobre de la población, sino que abarca hasta el 40% de ella, involucrando a la capa media baja.

En tercer lugar, la política más directa para reducir la desigualdad es la redistribución a través de impuestos y transferencias. El análisis encuentra que la redistribución per se no disminuye el crecimiento económico, como siempre nos han hecho creer, porque decían que primero había que aumentar la torta y, después, recién distribuir... las migajas, se entiende.

En cuarto lugar, la desigualdad afecta el crecimiento al impedir la acumulación del capital humano, minando las oportunidades de educación, bajando la movilidad social, desmejorando las ventajas individuales y limitando las habilidades desarrolladas. La nueva evidencia encuentra que la desigualdad es un asunto que le concierne al crecimiento, no es un tema ajeno ni separado. Así, políticas que ayudan a limitar o revertir la desigualdad no solo ayudan a que las sociedades sean menos desiguales, sino que crezcan más y aumenten su riqueza.

En quinto lugar, la investigación concluye que los programas antipobreza no serán suficientes. No solo deben utilizarse las transferencias monetarias, sino también se debe incrementar el acceso a los servicios públicos, educación y salud, puesto que constituyen la inversión social de largo plazo para crear mayor igualdad de oportunidades. Las políticas deben enfrentar el histórico legado de la subinversión de los grupos de bajos ingresos en educación formal, fomentar estrategias de desarrollo de habilidades, entrenamiento en el centro de trabajo y educación para el trabajador de baja calificación.

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