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Desnutrición

La desnutrición es una tarea pendiente que no admite discul-pas, es implacable y mata el desarrollo

La Razón / Lucía Sauma

02:10 / 09 de febrero de 2012

En Bolivia, ocho de cada diez niños menores de dos años padecen de anemia, según la Encuesta Nacional de Nutrición realizada por la Organización Panamericana de la Salud en 2007. La misma fuente asegura que la anemia nutricional por deficiencia de hierro afecta al 57% de los niños menores de cinco años y al 37% de mujeres en edad fértil.

Estos datos entran en franca contradicción con lo expuesto en la Constitución Política del Estado, que en su artículo 16 reconoce el derecho fundamental de toda persona al agua y a la alimentación, así como la obligación estatal de “garantizar la seguridad alimentaria, a través de una alimentación sana, adecuada y suficiente para toda la población”.

La Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDSA), que elabora el INE cada cinco años, nos muestra una pequeña mejora en los datos de desnutrición crónica. En este estudio, realizado en 19.564 hogares del territorio nacional, además de hacer las consultas, se midió la talla y el peso de los niños en relación con su edad, para verificar su grado de nutrición. El total de niños con desnutrición crónica asciende al 22% (en 2003 fue de 27%), el 6% con desnutrición general, el 5% con desnutrición severa y el 1% con desnutrición aguda.

Estos datos tienen que ver con la pobreza, la inequidad en el reparto de tierras y la falta de justicia social. Pero también tienen que ver con formas inadecuadas de alimentación. Al igual que casi todos los temas sociales, la desnutrición está relacionada con las prácticas cotidianas. En un gran número de hogares se han sustituido cereales como la quinua o el tarwi por el fideo o el pan blanco, ocasionando un exceso en el consumo de carbohidratos, que en definitiva pueden generan enfermedades como la diabetes.

Consumir lo que se produce en nuestro país, en nuestra región, es lo  adecuado para nuestro organismo. Al igual que una planta es de clima frío o cálido, o es para interior o exterior, nuestro cuerpo está adaptado a los frutos del ambiente donde vive. Otro determinante social de la desnutrición es el bajo nivel de educación o información de quien elabora los alimentos en una familia. Está comprobado que es mayor la esperanza de vida de los niños que están bajo el cuidado de personas más educadas e informadas. La prevención de la desnutrición del niño menor de dos años puede lograrse con acciones inmediatas como la lactancia materna al momento de nacer el bebé, sin darle ningún otro alimento al menos los primeros seis meses de vida y durante un tiempo prolongado.

Por supuesto que estos apuntes son simples paliativos que no solucionarán la desnutrición en Bolivia, pero podemos ponerlos en práctica ahora mismo, sin esperar una normativa con sanciones o acuerdos internacionales. Terminar con la desnutrición es una tarea pendiente que nos concierne a todos. No admite disculpas, es implacable y mata.

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