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Despatriarcalización ¡ya!

Lo más valioso que el proceso de cambio en Bolivia nos ha dado a las mujeres y hombres del pueblo es el tiempo.

La Razón (Edición Impresa) / Julieta Paredes Carvajal

00:03 / 16 de septiembre de 2018

Una de las cosas maravillosas que tenemos la humanidad es la conciencia del tiempo. Percibir por ejemplo que tenemos tiempo para reflexionar, para soñar, para crear, para divertirnos y, por qué no, para “perder el tiempo”. Esa cualidad de sentir, percibir y disfrutar el tiempo es genial para la humanidad.

A mi entender, lo más valioso que el proceso de cambio en Bolivia nos ha dado a las mujeres y hombres del pueblo es el tiempo. Son 12 años en los que pudimos pensarnos, analizarnos, reflexionarnos. Es difícil pensar, analizar, crear, proponer cuando hay asedio, cuando hay angustias, cuando hay miedo a causa por ejemplo de una dictadura; o cuando hay hambre, o la preocupación del trabajo. Difícil pensar cuando no hay paz ni tranquilidad; por eso es que la derecha, oposición desde el inicio de este proceso de cambios, no quería que tengamos tiempo para organizarnos y darnos cuenta de lo que somos capaces.

La oligarquía, acostumbrada a privilegios, nos estuvo asediando, intranquilizando, amenazando con dividir Bolivia, golpeándonos en las calles por ser indios o por ser masistas, lo que según ellos y ellas sería un delito. Esta gente racista y clasista no quería que tengamos la tranquilidad para imaginar mundos, desmitificar saberes y recuperar la dignidad de nuestras vidas y nuestros cuerpos. En medio de tantos ataques, este proceso de cambio ha logrado que el hambre no nos intranquilice; y que a pesar de que los opositores vociferan por todo lado su amargura, el pueblo ya se sabe defender, ya sabemos levantar nuestra voz.

En este proceso de cambios, que es de las mujeres y de los hombres de Bolivia, las mujeres tuvimos muy importantes avances, que nunca antes los habíamos tenido. Pero también sabemos que los cambios estructurales para las mujeres apenas se tocaron y que de ninguna manera son suficientes. La violencia estructural hacia las mujeres no se discute, y tampoco tiene tanta importancia para el Gobierno como debería tenerla. Y a pesar que tenemos un plan nacional para la igualdad de oportunidades, éste no se lo cumple. Parece que no se quiere ir más allá de lo que ya se tiene. No hay los presupuestos necesarios para efectuar este plan, ni tampoco la institucionalidad que necesita. Los problemas de las mujeres siguen siendo problemas de una “minoría”, cuando ya lo dijimos: las mujeres somos la mitad de cada pueblo, la mitad de las esperanzas de los pueblos, la mitad de los problemas y la mitad de las soluciones.

Sabemos, sin ninguna duda, que las mujeres de los pueblos y de las organizaciones sociales apoyamos y apostamos por la continuidad del hermano Evo Morales en el Gobierno del país; pero ahora sí vamos por la despatriarcalización del Estado Plurinacional y de la sociedad. No nos vamos a conformar con menos. Ya está escrita la propuesta conceptual y metodológica de cómo proceder para realizarlo, falta la voluntad política de hacerlo; pero las calles son de las mujeres del proceso de cambio y desde ahí impulsaremos lo que nos corresponde: la despatriarcalización.

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