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Desperdicio de comida

Podemos ignorar el problema o, con pequeñas acciones diarias, ser parte de la solución.

La Razón (Edición Impresa) / Ruth Delgado

00:00 / 13 de junio de 2017

Chacaltaya, después de ser el centro de esquí más alto del mundo a 5.421 metros de altura sobre el nivel del mar, se redujo con rapidez, hasta desaparecer en 2009 debido al cambio climático. Ahí donde antes se veía una montaña nevada, ahora solamente quedan rocas desnudas. Glaciares como el Chacaltaya son vitales para el abastecimiento de agua en La Paz, y su desaparición incrementa los problemas causados por el calentamiento global.

El incremento de la temperatura, modificaciones en la época de lluvias, inundaciones y sequías más severas son una evidencia del cambio climático a nivel mundial. Esto afecta directa e indirectamente a nuestro suministro de agua y a la productividad de los cultivos.

¿Pero qué está causando el cambio climático? Se debe a la mayor emisión de gases de efecto invernadero generados principalmente por la agricultura, las industrias, la deforestación de los bosques y el uso de combustibles fósiles como la gasolina y el diésel. Entre los gases más abundantes y conocidos están el dióxido de carbono y el metano, que evitan que el planeta pierda el calor recibido del sol. Si bien existen de forma natural, su exceso en la atmósfera causa incrementos anormales de la temperatura.

Aparte de las grandes industrias, algunos de nuestros hábitos también son parte del problema, como el desperdicio de alimentos en buen estado; al comprar o servir demasiada comida, que termina en rellenos sanitarios, donde al descomponerse emiten metano, uno de los gases con mayor efecto invernadero, 25 veces más potente que el dióxido de carbono.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estima que en América Latina cada año se desperdician aproximadamente 348.000 toneladas de alimentos, a pesar de que 47 millones de latinoamericanos aún sufren hambre cotidianamente.

No obstante, existen varias formas que están a nuestro alcance para evitar el desperdicio de alimentos. Por ejemplo, resulta muy útil organizarlos según su fecha de caducidad en un lugar visible en la alacena y en la heladera, para poder consumir primero aquellos que vencen antes. Si en fiestas y reuniones sobra mucha comida, conviene repartirla entre los invitados, y así evitar que termine en la basura. También podemos llevar las sobras de los restaurantes para una próxima comida.

Reducir el desperdicio de comida implica una menor emisión de gases de efecto invernadero, y por tanto, contribuye a reducir el calentamiento global. Podemos ignorar el problema o, con pequeñas acciones diarias, ser parte de la solución. 

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