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Despertar

Indudablemente Brasil se ha convertido en el  líder natural del desarrollo de América Latina

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Zapp

04:14 / 14 de junio de 2014

Indudablemente Brasil se ha convertido en el líder natural del desarrollo de América Latina. Su condición de gigante territorial y de población, sumado al hecho de no haber sido colonia propiamente dicha (incluso llegó a gobernar el imperio portugués desde América), le genera una consciencia colectiva diferente. Más aun, su crecimiento desigual, en el que se daba desde la masiva y extrema miseria étnica hasta empresas como Embraer que doblan en ventas el PIB boliviano; o las reservas de petróleo más importantes del planeta, solo explotables mediante una tecnología fuera del alcance de los países más desarrollados, parecería incubar la mayor tensión social del continente, cosa que en la práctica nunca se convirtió en una revolución de magnitud inimaginable. El Partido de los Trabajadores con Lula da Silva a la cabeza inició una revolución social real y focalizada en la equidad, ésta también inimaginable, que transfiere a los desposeídos recursos que nunca vieron como posibles, nivela la educación y genera una sociedad civil real en los diferentes estratos y regiones. Se percibe un empoderamiento de toda la sociedad. Todos en Latinoamérica tratamos de aprender de quien va adelante.

“¡Todos tenemos derechos y aspiraciones para una vida mejor y ojalá venga pronto!” parece ser el sentimiento generalizado y profundo de la mayor parte de la sociedad brasileña. Tuve la oportunidad de dirigir la misión de evaluación quinquenal del PNUD en el Brasil. Lo cual significó visitar centenares de ciudades, poblaciones y proyectos, hablar con alcaldes, gobernadores, líderes populares y de industria. En todas partes percibí ese renacimiento (¿o... nacimiento?) de los derechos de una sociedad civil en busca de temas de relevancia común. Y de pronto, este Mundial dispara esa fuerza inimaginable que estaba encapsulada en el mayor tanque a presión del continente.

Ya no es la lucha por la sobrevivencia o contra la injusticia prevaleciente en todos nuestros países; es un despertar de algo mucho más profundo y civilizado, algo que vivimos hace casi medio milenio en Europa con el protestantismo (recordemos que tengo un abuelo calvinista y otro luterano), ese despertar que no solo puso en jaque el poder absoluto de las monarquías y del Papa, sino que generó la Guerra del Campesinado y la rebelión de los príncipes protestantes, que desembocaron en 1531 en la justificación “del derecho de resistencia por las causas correctas”. En ese mundo sin confesión y sin perdón cotidiano de los pecados nace, según Weber, una nueva ética de convivencia que da lugar, con la Ilustración, a la revolución industrial, científica y tecnológica que generó el mundo moderno, desde el marxismo y capitalismo, pasando por una enorme clase media que consume, hasta llegar al tablet, como ejemplos de su penetración actual.  

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