Columnistas

Desproporción

El delito de Milena Fernández es no ser políticamente correcta, hipócrita, doble cara.

La Razón / Mabel Franco

00:00 / 15 de julio de 2012

Hay que ver el lío que se ha armado entre una presentadora de televisión y toda una ciudad representada por su alcaldesa. Un lío que hace recordar varios otros que, en el siglo XX, pusieron en vilo a un escritor vallegrandino, un dibujante paceño —ambos “ofensores” del honor de las damas cruceñas— y hasta a un diario como es La Razón, cuya edición fue quemada en Tarija por un titular que pretendió ser humorístico y que fue leído como una afrenta contra las mujeres chapacas. ¿Quién recuerda estos episodios? Quizás los que en su momento estuvieron ante la hoguera, porque por lo demás ha corrido tanta agua bajo el puente, que los honores supuestamente mancillados están ahí, intactos.

Milena Fernández, la presentadora, tuvo “el atrevimiento” de afirmar en un programa televisivo que Oruro, la capital del folklore boliviano, tiene un hermoso carnaval que atrae turistas, sin duda; pero que, por efectos de la fiesta, termina convertida en una ciudad fétida. Listo. “Los” orureños han alzado el grito y sus autoridades se han colgado de él para exigir disculpas que reparen su supuesta dañada imagen. Como Milena se afirma en lo dicho, pretenden juzgarla bajo el delito de “difusión e incitación al racismo o a la discriminación”.

Si no fuera que está pasando, esto parecería un chiste pueblerino. ¿Por qué? Porque las autoridades no le piden a Milena que demuestre que la ciudad huele mal luego del consumo de alcohol, comida y otros excesos que dejan las calles regadas de basura y demás desechos. Lo que les ha herido, reconocen, es la forma en que lo dijo. Es decir, no es que la presentadora haya mentido, sino que se atrevió a decir una verdad de una manera inadecuada. Su delito, pues, es no ser políticamente correcta, hipócrita, doble cara.

Es verdad que una líder de opinión, que eso es en definitiva Milena Fernández, debe cuidar las cosas que dice y cómo las dice.  Pero, esta mujer debe ser de las pocas que ha mostrado, en una televisión plagada de enlatados, los rostros más amables de Bolivia. ¿Nada de eso pesa a la hora de haber deslizado la palabra “fétido”?

Algo más. Milena es boliviana, por tanto Oruro es también su tierra. ¿Quién puede negarle el derecho de ser crítica con su propia casa? En la reacción exaltada de algunos orureños —porque no se puede decir que son todos, salvo que se proceda a una consulta— anida justamente esa discriminación de la que se quieren aferrar las autoridades para iniciar un juicio.

Lo que más pena da son los comentarios de algunos exaltados amparados en el anonimato: “Será una ciudad sucia, Milena —le escriben en la web— pero al menos en Oruro nuestras mujeres son dignas”. ¿Perdón?

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