Columnistas

Después del fin

Aunque no querramos reconocerlo, la vida del planeta está en declive y el fin del mundo se está dando

La Razón / Raúl Pérez Albrecht

03:06 / 04 de marzo de 2013

El 21 de diciembre de 2012, algunos sectores de la sociedad esperaban un fin del mundo de película. Sin embargo, los seguidores de espectáculos televisivos y cinematográficos quedaron decepcionados, porque al llegar la fecha pronosticada por los mayas no ocurrieron inundaciones de magnitud, ni heladas repentinas, ni aperturas de las capas de la Tierra, ni grandes terremotos, ni nada de lo difundido por los productores de películas.

Al parecer, la vida continuó sin sufrir ninguna alteración. Empero, si nos ponemos a reflexionar, la creación del mundo no fue un espectáculo de siete días, donde las cámaras y los efectos especiales precedían  la “entrega” del planeta con toda su belleza. En todo caso fue un proceso de miles de años, al igual que el fin del mundo.Al leer las anteriores líneas, más de un lector afirmará que lo dicho sólo busca alarmar a la gente, máxime si tomamos en cuenta que “nada” ha cambiado. No obstante, aunque no querramos reconocerlo, la vida del planeta está en declive y el fin del mundo efectivamente se está presentando a través de un proceso acelerado, como consecuencia de las decisiones y los intereses económicos de los líderes de gobierno del mundo.

Australia por ejemplo ha dado la venia para hacer realidad un megaproyecto de minería en los bosques de Tarkine, casa natural del famoso demonio de Tazmania; los glaciares de los Andes tropicales se han reducido entre 30 y 50%, según la revista académica Cryosphere, donde se alerta una crisis de agua para varias regiones de Bolivia, Ecuador y Perú. Ciudades en China actualmente viven con una nube de contaminación, lo que ha forzado a cerrar más de 100 fábricas y a restringir el uso de un tercio de los vehículos. Asimismo, según reportes de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el planeta subirá su temperatura entre tres y cinco grados.

Nuestro país también hace su parte para contribuir con este fin, ya que actualmente se ha sentado un precedente funesto para destruir nuestras áreas protegidas. Pues, con los resultados de la consulta sobre el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), se posibilitará la desaparición de uno de los reservorios de agua y biodiversidad más importantes de Bolivia.

De norte a sur, de este a oeste, con capitalistas y socialistas en el poder, los resultados son los mismos. Los ejemplos anteriormente citados son una realidad que muestran que el fin del mundo se está dando; no como un espectáculo televisivo y de un solo día, pero sí son varios hechos que suceden, se multiplican y nos condenan a ser testigos de un proceso gradual, sin la garantía que después del día final exista un televidente o internauta que lo pueda comentar.

es comunicador social, especialista en educación ambiental.

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