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Desventuras editoriales

Medinaceli debe ser uno de los escritores más maltratados por la incuria editorial nacional

La Razón / Wálter I. Vargas

01:08 / 28 de julio de 2012

Una buena noticia literaria es el relanzamiento de Atrevámonos a ser bolivianos, la semblanza biográfica de Carlos Medinaceli que hizo Mariano Baptista Gumucio hace ya  buenos años. Un libro siempre legible, aunque a don Mariano se le fue un poco la mano al recurrir a su libro inspirador, la biografía de Buenaventura Durruti que hizo Hans Magnus Enzensberger, al comenzar, por ejemplo, el primer capítulo con las exequias de Medinaceli, igual que en el caso del anarquista español.

Pero, en todo caso, la parte del epistolario es ciertamente sabrosa, porque al leer las cartas que Medinaceli escribió a sus amigos se consigue palpar al tipo de intelectual que éste fue, lo que una mujer llamaría “un hombre interesante”, porque a Medinaceli la inteligencia lo llevaba a la impaciencia y de ahí al mejor humor, el sarcástico, no exento de periodos de franca depresión y hastío. También es una fuente preciosa de información para que un biógrafo se ponga realmente a trabajar en “el arte de la biografía”, como la llamó el propio Medinaceli.

En la entrevista que le hizo este periódico el domingo, Baptista señala que de Medinaceli ya se ha publicado casi todo, pero que no estaría mal hacer unas obras completas. Es bien cierto, porque la tarea de recuperación que después de su temprana muerte se hizo de los abundantes artículos que fue publicando en varios medios de prensa puede haber sido lo loable que se quiera, pero al mismo tiempo pecó a menudo de una falta de seriedad extrema.

Medinaceli debe ser, en efecto, uno de los escritores bolivianos más maltratados por la incuria editorial nacional. Los Amigos del Libro, por ejemplo, con Werner Guttentag y Héctor Cossío Salinas como editores, denominó La reivindicación de la cultura americana a una colección de artículos de diverso interés, reunidos sin mayor criterio unificador, pues contiene desde comentarios sobre la literatura venezolana, la cubana y la mexicana, hasta artículos sobre Dostoievski y Nietzsche y otro sobre un libro de Guillermo Francovich.   

Pero eso no es nada. El ensayo sobre Nietzsche, que Medinaceli escribió con motivo de los 100 años del nacimiento del filósofo alemán, está tan mal editado que uno de los capítulos ¡aparece como parte de una nota de un capítulo anterior, y desprovisto de su título! Lo mismo cabe decir de la crítica al libro de Guillermo Francovich, del que se han desordenado dos de sus partes y que aparentemente Medinaceli no terminó de escribir. Ambos fueron publicados en La Razón de los años cuarenta.

Otro responsable de estos gaffes editoriales fue Carlos Castañón Barrientos. Hizo algo parecido con el libro que llamó Chaupi punchaipi tutayarka, pero con más desorden aún y sin un mínimo de esfuerzo investigativo editorial, porque los artículos periodísticos están dispersos y no tienen referencias de su origen ni la fecha de publicación. En ese libro hay otra nota sobre Nietzsche que quizá salió como parte de esas otras incluidas en La reivindicación..., pero... nada, que uno tendría que sumergirse en las hemerotecas para despejar esas dudas. Lo que sí hizo bien don Castañón es agregar varios ensayos que no estaban en la edición original de los Estudios críticos a la edición de 1969 de Los Amigos del Libro. La mayoría, como los de los libros ya mencionados, son de los 40, es decir, lo que se podría llamar la edad madura de Medinaceli, el menos leído, creo yo, cuando escribía, en La Razón de esa época, artículos largos que publicaba por entregas los domingos.

¿Hay un “Medinaceli tardío” que se pueda diferenciar de todo lo que hizo antes? El propio escritor lo señala en una carta de 1938, al decir que ya no está de acuerdo con los cuatro libros que hasta entonces había logrado publicar, y agrega que “desde que me he entregado a estudios sociales, he variado completamente de criterio”. Este nuevo criterio, este Medinaceli maduro, se basó en una andanada de lecturas marxistas y filomarxistas que lo convirtieron en un precursor de la revolución del 52, y hasta en un protocomunista, según se puede también constatar por sus cartas. Pero aquí estamos entrando ya en la discusión de las ideas del escritor, y para eso no da una modesta columna.

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