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Los escribas del proceso tenemos la misión de seguir construyendo las armas de la utopía

La Razón / Jaime Irurri

00:57 / 30 de diciembre de 2011

Y  listo. Se cierra el telón del único año terminado en dos unos que viviré. Como todos tuvo momentos buenos y malos. Intenso en varios campos. Lleno de búsquedas en otros. No sé si fue el peor momento del año, pero, para mí, quizás el más duro fue el 26 de septiembre, cuando mi conciencia se negaba a entender por qué los indígenas de tierras bajas habían sido reprimidos.

El momento más intenso fue que Anoticiando ganara el premio BISA. Fue uno de nueve, nada mal. Y, claro está, la publicación de mi libro sobre la danza indígena como forma de resistencia comunicacional al coloniaje. Pero todo eso ya es historia. Ahora a mirar hacia adelante. ¿Qué me debo? ¿Qué les debo?

Hace mucho que me persigue la novela de Israel Centurión. Un relato policial donde mi personaje se mete en los berenjenales de la política actual. No es la continuación de mi cuento Puta vida, sino una obra de mayor alcance que toma al protagonista y narra desde su infancia hasta la Bolivia de hoy. Ojalá que en 2012 la acabe.

El libro que sí está a punto de ser entregado a la imprenta es sobre Eros y Tánatos en la prensa; es decir, sobre el sensacionalismo, y analiza los cinco primeros años de Extra, el periódico que inventé y que de tan buena salud sigue gozando. Como casi todo lo que hago, sé que esta obra será polémica. Pero de discusiones está hecho mi mundo.

Y tengo la firme decisión de acabar de escribir Los achachilas van a la guerra, que resumirá la historia del Ejército Guerrillero Túpac Katari, superando mi primer libro en cantidad y calidad de información y contextualizando la época. Esta agrupación fue el intento guerrillero más serio desde el de Ernesto Che Guevara, y sin la intervención de los aymaras el proceso que vivimos no sería el mismo, quizá ni siquiera lo estaríamos viviendo. Por ello, vale la pena reflexionar sobre este fenómeno.

En televisión haremos una serie de documentales sobre la historia inmediata de Bolivia, y seguiremos en la incansable lucha de tener una pantalla cada vez más nuestra. Sin renunciar a la cultura universal nos atreveremos, para usar una frase de Carlos Medinaceli, a ser bolivianos y a crear productos para los bolivianos.

Los viejos códices mayas anuncian a 2012 como el tiempo de la transición hacia una nueva época, hacia una nueva historia. Puede que eso realmente es lo que está sucediendo en nuestro país. Nosotros, los escribas del proceso, tenemos la misión de seguir construyendo las armas de la utopía. Ya no puedo esperar a la llegada del nuevo año.

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