Columnistas

Devaluar no mejorará las exportaciones

Manejar una economía con criterios subjetivos no es lo aconsejable, como ocurrió en los años 90

La Razón (Edición Impresa) / Omar Yujra Santos *

00:14 / 30 de mayo de 2017

Una devaluación, o depreciación, consiste en la pérdida del valor de la moneda nacional frente a otras divisas extranjeras. La primera se da como política de gobierno, y la segunda, generalmente en un escenario de poca o casi nula intervención de los bancos centrales.

A finales de 1985, el gobierno del MNR implantó un sistema de subasta para el intercambio de moneda extranjera conocido popularmente como el “bolsín”. Posteriormente, bajo la misma lógica, se puso en práctica el denominado crawling peg (devaluación progresiva y controlada de una moneda).

Sin embargo, a partir del 2006 y producto de la implementación de diferentes políticas económicas y sociales se “bolivianizó” la economía; se incrementaron las reservas internacionales netas, así como el superávit fiscal y comercial durante varios años; y las exportaciones no tradicionales (manufacturas, productos agroindustriales y otros) llegaron a niveles récord. Todo esto permitió que el tipo de cambio recupere su valor, y lo más importante, generó confianza en la economía nacional.

A pesar de ello, en la actualidad vuelven las voces de la devaluación con el objetivo de generar “competitividad e incrementar las exportaciones”. Así lo hicieron conocer por ejemplo algunos de los expositores del reciente foro económico “Desafíos y oportunidades para el desarrollo de Bolivia en el nuevo contexto mundial”.

Al respecto cabe aclarar que para aplicar una devaluación es importante considerar, además de la literatura económica, el contexto externo e interno de la economía. La idea de la devaluación viene de la escuela de pensamiento económico neoclásico. Una vez aplicada, se generan efectos  positivos y negativos. Entre los primeros, las exportaciones se vuelven más competitivas; es decir, al tener un tipo de cambio devaluado, los costos de los productos se vuelven más baratos frente a productos del exterior, y por la mano invisible, las ventas se incrementarían.

Entre los principales efectos negativos están un incremento de los precios (inflación), pérdida del poder adquisitivo de los salarios, erosión de los ahorros de las familias, desajuste en la regulación de tarifas de servicios básicos (tarifazos); lo que se conoce también como pass through.

Para corroborar que una devaluación tiene un impacto positivo en las exportaciones nacionales se deben realizar pruebas econométricas, entre ellas la denominada condición Marshall – Lerner. Los resultados de estas pruebas señalan que para el caso boliviano, la condición no se cumple, por lo que una devaluación no generaría el deseado incremento de las exportaciones, y por el contrario solo se observarían efectos negativos.

La economía mundial no ha terminado de recuperarse ante los efectos que provocó la crisis financiera de 2008, principalmente en los países desarrollados y la desaceleración de las economías emergentes; lo cual ha repercutido negativamente en los precios y en la demanda internacional. Ante este panorama, varios países de la región empezaron a devaluar (depreciar) sus monedas entre 2014 y 2016 con la esperanza de mejorar sus balanzas comerciales. Pero la realidad contrasta con los objetivos, pues estas economías no mejoraron sus exportaciones, más al contrario, corren el peligro de generar una mayor inflación, como es el caso de Argentina.

Manejar una economía con criterios subjetivos no es lo aconsejable, ya que como sucedió en los años 90 podríamos “bailar” nuevamente al ritmo de los efectos tango, samba y tequila, producto de la política cambiaria ortodoxa.

* es economista, funcionario del Ministerio de Economía y Finanzas Públicas.

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