Columnistas

Día Internacional de la Familia

La familia es determinante para el desarrollo social, emocional y cultural de los niños y niñas

La Razón / Ana María de Granda

01:14 / 08 de junio de 2012

El tema del cumplimiento de los derechos de los niños y niñas no puede estar aislado del análisis del rol de las familias en el cuidado y la protección infantil, más aún cuando se dimensiona la situación del cumplimiento de los derechos de los niños y niñas en riesgo de perder el cuidado parental o de aquellos que ya lo perdieron.

Y es que la protección de la niñez surge como un tema de interés a fines del siglo XVIII debido al crecimiento de las zonas urbanas y el desarraigamiento de la actividad agraria en zonas rurales. En este contexto, las familias se reorganizaron y las mujeres y los niños se insertaron en el mercado laboral. Empero, la responsabilidad de la protección de los hijos fue asignada a las familias, y en particular a las mujeres, pese a que la mayoría ya se dedicaba a diferentes oficios fuera del hogar.

Esta situación se complejiza cuando tomamos conciencia de que la familia es determinante para el desarrollo social, emocional y cultural de los niños y niñas. Por lo tanto, su cuidado no puede ser una responsabilidad exclusiva de las familias, y mucho menos quedar al margen de la responsabilidad del Estado o, lo que es peor, limitarse a la atención de una necesidad en lugar de enfocar los esfuerzos para restituir un derecho.

El círculo de pobreza no tiene sólo efectos en las condiciones de vida en el plano material, su efecto incide en la posibilidad que tendrán los hogares de convertirse en el entorno protector que asegure los derechos de los niños y niñas, quienes en función a la infancia que hayan tenido replicarán el tipo de familia que tuvieron cuando lleguen a la edad adulta. Más aún en un contexto de pobreza en el que se vulneran los derechos de los niños y en el que la diversidad de configuraciones familiares se constituye en un nuevo riesgo para su desarrollo emocional.

Si a estos elementos incorporamos otros relacionados con concepciones y prácticas culturales respecto a los niños, el panorama no es alentador y exige una respuesta. Por ejemplo, en la cultura andina los niños y niñas son asumidos desde una perspectiva funcional en cuanto a las labores que pueden hacer para contribuir a la economía familiar. Por esta razón, en muchos contextos los niños realizan actividades que no corresponden a su edad y en muchos casos se ven obligados a trabajar. En Bolivia son 800 mil los niños que  trabajan, y muchos de ellos, al no encontrar cuidado ni protección en sus hogares, asumirán la calle como su espacio de vida.

¿Por qué celebrar entonces un Día de la Familia? Justamente porque las alarmantes cifras para muchos tienen un rostro de niño o niña que merece, por derecho, crecer en un entorno de amor y protección, y porque las familias necesitan contar con un soporte real y efectivo para mejorar sus condiciones. La experiencia de Aldeas Infantiles SOS, junto a las familias y comunidades, ha demostrado que es en la infancia en la que se siembran las semillas del futuro desarrollo de cada persona y que es la familia el espacio ideal para que cada niño y niña pueda experimentar una infancia positiva.

Por ello, es importante que desde el lugar que estemos recuperemos aquel calor de hogar que sólo una familia brinda, y que más allá de conmemorar un día, apoyemos todos aquellos esfuerzos por hacer de cada familia el motor que logre cambiar el mundo.

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