Columnistas

Día Mundial del Suelo

La Razón (Edición Impresa) / Tribuna - Theodor Friedrich

00:00 / 08 de diciembre de 2019

Como cada año, el 5 de diciembre recordamos el Día Mundial del Suelo, una fecha para reflexionar sobre su importancia, ya que del suelo extraemos el 95% de nuestros alimentos y está en peligro debido a la degradación. Hasta hoy no hemos logrado detener, mucho menos revertir, el proceso de degradación de nuestros suelos, que un día en el cercano futuro puede convertir nuestra Tierra en un planeta inhabitable para los humanos. Hemos detectado prácticas no sostenibles en el manejo del suelo como causantes de esta degradación. ¿Cuáles son estas prácticas?, ¿por qué no hemos logrado eliminarlas?

El lema del Día Mundial del Suelo 2019 es “¡Detengamos la erosión del suelo para lograr un futuro!”, aludiendo claramente a la erosión como la causante principal de la degradación de suelos. Sin embargo, esto no es verdad. Por décadas hemos tratado de detener la erosión con métodos de “conservación del suelo”, pero la degradación sigue igual en todo el mundo; y la erosión se ha reducido moderadamente, pero no suficiente, para ser compensada por la formación natural de suelo. La razón es que la causa de la degradación es otra, no la erosión.

La erosión del suelo es solamente el punto final del proceso de degradación del suelo, se manifiesta cuando el suelo ya no degrada, sino desaparece. La degradación comienza mucho más temprano, con la pérdida de la “salud del suelo”, de la biodiversidad en este hábitat subterráneo de formas de vida muy diversas. Estas formas de vida, la fauna y la flora, dan al suelo las características que lo hacen “fértil”, productivo, pero también resiliente contra las fuerzas de la intemperie evitando de forma efectiva la erosión del suelo.

Entendiendo esto se puede determinar la causa principal de la degradación del suelo, algo que en la evolución de nuestra tierra no ha sido previsto y contra lo cual la naturaleza no ha podido encontrar un remedio: la labranza del suelo, el uso del arado, prácticas que han llegado a ser emblemáticas para la agricultura en todo el mundo, pero que son terriblemente dañinas para el suelo porque provocan una alteración mecánica del suelo en conjunto con la eliminación de la cobertura vegetal de la superficie. Para decirlo en una sola voz, la labranza y el arado son en todo el mundo las causas principales por las cuales se degradan suelos agrícolas y ganaderos.

Conociendo la causa, se puede encontrar el remedio: una agricultura sin el uso de la labranza y con una cobertura permanente del suelo. Esta agricultura se denomina Agricultura de Conservación, y ha demostrado en todo el mundo que es productiva, nos alimenta, y que al mismo tiempo puede parar y revertir el proceso de degradación de los suelos.

Por lo tanto, debemos aprovechar el Día Mundial del Suelo no solo para recordar el problema de la degradación, sino para, proactivamente, comenzar a implementar la Agricultura de Conservación en nuestra agricultura y ganadería, para remediar un fenómeno urgente y fundamental de tratar porque de eso depende el futuro de nuestra alimentación.

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