Columnistas

Día de la moral

También lucho para que los purismos moralistas no nos cieguen y tapen nuestros oídos.

La Razón (Edición Impresa) / Julieta Paredes*

00:00 / 04 de marzo de 2018

Qué fue lo que paso en 21F? ¿Cómo así se perdió el referéndum?, muchas hipótesis en medio: que no se debió hacer, que no se debió hacer… En fin, lo cierto es que perdimos, por dos puntitos, pero perdimos. Quiero a la distancia analizar lo que nos pasó como sociedad.

El sistema patriarcal usa los comportamientos machistas como parte de los instrumentos que tiene para pretender derrotar este proceso revolucionario en Bolivia. Cuenta también con una cultura moralista y de doble moral, sustentada por el propio patriarcado. Sabiendo qué sociedad somos y cómo funcionamos, construyeron una gran mentira. Creo que jamás imaginamos tremenda infamia. Es que cuando no escuchan nuestras denuncias sobre el machismo en el comportamiento de nuestros hermanos, que da texto y pretexto a la derecha, tenemos consecuencias nefastas para el proceso.

Por qué muchos hermanos y hermanas que creían en el Evo, que lo querían, que lo defendían, dudaron el 21 febrero de 2016; no fueron a votar o incluso votaron en contra. Pues fue por racistas y moralistas.

Supongamos que hubiese sido verdad la mentira de la derecha opositora. Fueron crueles al juzgar al Evo. Se hicieron la burla, lo ridiculizaron. Fue terrible el racismo y el moralismo que les hizo decir: “cómo pues con una modelo se va a meter el Evo”. Algunas y algunos se percataron de que el Evo también, como decimos vulgarmente, “tiraba”. Se les cayó el compañero y hermano del pedestal moralista y lo sacaron de la urnita en la que la deshumanización suele meter a líderes y caudillos. No podían creer que el “indiecito” líder esté en esas cosas “sucias”. La doble moral encegueció. El moralismo les tapó los oídos. No querían escuchar razones. Se lanzaron en santa cruzada moralista y comprometieron políticamente la repostulación del candidato del proceso revolucionario.

La mayoría de los bolivianos tienen relaciones antes, durante y después del matrimonio, con sus parejas y con parejas paralelas, es la realidad. ¿Por qué entonces señalaron al compañero con el dedo? Y conste que dije suponiendo que hubiera sido verdad. ¿Quién les dio el martillo divino? De haber sido cierto, era un error en su vida y debía repararlo. Pero eso no descalificaba todo lo que el compañero hacía por el proceso de cambios revolucionarios.

Es hora de escuchar, compañeros y hermanos, lo que las feministas comunitarias de Abya Yala decimos. La contrarrevolución usa para su beneficio el machismo, la misoginia y la descalificación moralista de las mujeres y los indios; puede y los van a usar contra todas y todos. No quiero ni imaginar lo que haría o podría hacer este moralismo y racismo con mujeres lesbianas e indígenas como yo, si les dejamos.

Por eso también lucho, para que los purismos moralistas no nos cieguen y tapen nuestros oídos y pudran nuestros corazones. Tenemos que reflexionar y analizar todas las noticias que nos llegan especialmente por las redes sociales. Vean lo que le hacen a la hermana artista Rilma Paco, ¡ya dejémonos de doble moral!

*es feminista comunitaria.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia