Columnistas

Diálogo contra los terroristas

El terrorismo no se puede solucionar exclusivamente o en gran parte a través de medios militares

La Razón (Edición Impresa) / Fareed Zakaria

00:07 / 18 de julio de 2015

El encuentro que empezó el martes pasado cerca de Islamabad, capital de Pakistán, posiblemente pueda marcar el inicio del término de la guerra más larga de los Estados Unidos: el conflicto en Afganistán, que cumplirá 15 años este otoño. Una delegación del Gobierno de Afganistán se reunió con miembros de los talibanes, con la presencia de oficiales pakistaníes, chinos y estadounidenses que actuaron como observadores. Algunos esfuerzos previos similares a éste han fracasado y tal vez esto tampoco vaya a ninguna parte. Pero la guerra en Afganistán terminará en un foro como el del martes anterior y no en el campo de batalla.

Hablar con los talibanes es duro de aceptar para muchos estadounidenses. Dick Cheney habló en nombre de varios norteamericanos cuando dijo: “no negociamos con el malvado; lo vencemos”. Sin embargo, agrega Jonathan Powell (exjefe de personal de Tony Blair, está equivocado. En un nuevo libro, Terrorists at the Table: Why Negotiating is the Only Way to Peace (Los terroristas sobre la mesa: por qué la negociación es el único camino para lograr la paz), Powell argumenta de forma convincente que históricamente los conflictos como el de Afganistán solamente han finalizado a través de negociaciones y no gracias a una victoria militar.

Powell no es ningún pacifista, fue uno de los principales artífices de apoyo de Gran Bretaña para las guerras en Afganistán e Irak. Tampoco tiene una posición ambigua respecto al terrorismo. Su padre, militar, fue herido por el Ejército Republicano Irlandés (IRA, por sus siglas en inglés). Su hermano estuvo en la lista de fallecimientos de ese grupo durante ocho años. Cuando conoció a Gerry Adams, del partido político irlandés Sinn Fein, Powel se rehusó a estrecharle la mano.

Sin embargo, a lo largo de su década como el ayudante más importante de Blair, Powell reconoció que el terrorismo no se puede solucionar exclusivamente o en gran parte a través de medios militares. En su libro cita a Hugh Orde, antiguo jefe de Policía de Irlanda del Norte, quien correctamente dice: “no conozco ningún ejemplo en el cual el terrorismo haya sido controlado” o eliminado a través de la fuerza.

Los gobiernos son reacios a hablar con terroristas. Esto es comprensible dado que los consideran grupos bárbaros, se preocupan acerca de la legalización del salvajismo y permanecen convencidos de que fuerzas militares pueden derrotarlos o por lo menos mutilarlos. No obstante, Powell señala que la mayoría de los gobiernos terminan hablando con los terroristas. El Gobierno británico calificó al Mau Mau en Kenia como una “conspiración basada en la perversión completa del espíritu humano”; “infrahumanos” con “la muerte como su única liberación”. Finalmente, los británicos hablaron con ellos. El mismo patrón surgió con el IRA, los vascos separatistas, el Congreso Nacional Africano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Israel incluso ha negociado con Hamas acerca del intercambio de prisioneros. “No me importa la hipocresía de los gobiernos en el tema concerniente a dialogar con los terroristas”, escribe Powell, “pero sí me importa que parece que nunca aprendemos de experiencias pasadas, que generalmente tuvieron consecuencias devastadoras”.

La idea central detrás de su argumento es bastante sencilla: el terrorismo es un reflejo de un problema político de fondo que casi siempre debe ser abordado políticamente. En Afganistán refleja la realidad de que una parte de la población pashtun, que comprende cerca del 50% del país, cree que sus intereses no son representados por el Gobierno actual en Kabul. El hecho de que los talibanes continúan siendo una fuerza que debe ser considerada, después de casi 14 años de intervención militar estadounidense una oleada que triplicó las fuerzas estadounidenses en el campo, varias elecciones y un millón de millones de dólares gastados para oponérsele, sugiere que posee un apoyo público significante.

Tal vez las negociaciones de esta semana no vayan a ninguna parte. Hay varios partidos involucrados y facciones dentro de cada uno. Sin embargo, una de las lecciones que Powell deja en su libro es que, con frecuencia, estas charlas comienzan demasiado tarde debido a que los gobiernos creen que un último empuje militar pondrá a los terroristas a la defensiva, incluso si hay “pocas pruebas empíricas valiosas para apoyar este último argumento expuesto con dificultad”.

Él nos recuerda que una parte crucial del levantamiento en Irak del general David Petraeus fue alcanzar a los militantes sunitas que habían estado luchando contra las fuerzas estadounidenses, abordando sus reclamaciones e incluso sobornándolas para pasar de ser enemigos a amigos. Aclara que Petraeus admitió que Estados Unidos había esperado demasiado tiempo antes de hablar a las personas “con sangre estadounidense en sus manos”.

Por supuesto nada de esto se aplicaría al Estado Islámico ¿o sí? En efecto, Powell es lo suficientemente audaz como para sugerir que sí podría. Después de todo, éste es un grupo particularmente salvaje y feroz, pero es exitoso en gran medida debido a que ha aprovechado los miedos y la furia de sunitas desamparados en Irak y Siria. Éste es un agravio político que solamente puede ser abordado políticamente.Powell alega que hablar con los terroristas no significa ceder a sus reclamos. Sin embargo, debido a que los gobiernos están tan asustados por la imagen y toda la óptica, generalmente retrasan, tropiezan, cometen errores y prolongan conflictos que podrían resolverse antes con mucho menos derramamiento de sangre en todos lados.

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