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Diario de los caminos

Las palabras y los caminos son hilos de un mismo tejido, que se va revelando con la urdimbre de los días

La Razón / Homero Carvalho Oliva

00:47 / 06 de junio de 2013

Toda partida nace de un silencio y si dices que vas a partir, es porque ya te has ido, y el camino peregrina en ti, así como las montañas, los ríos las quebradas, y las ciudades que imaginas, distantes como la que vas a dejar, ya son esencia enraizada en tu paisaje interior. El otro que también soy yo me avisa que no olvide, que la partida entraña la ceremonia del retorno, en la que el fuego de la palabra será el principio que concentre lo perdido, lo temporal y lo eterno.

El viaje lo realizaré siguiendo la lógica aymara de que el pasado es lo que tenemos delante de nosotros, es lo visible y, a medida que se camina, los recuerdos van marcando el calendario, visibilizando el futuro que, según la filosofía andina, está detrás de nosotros. Partí sintiendo que el niño, que siempre me acompaña, se amarraba los zapatos para apurar el paso, y dejé que el azar, que es otro de los nombres de la Divinidad, trazara el itinerario.

Mi alma, que ya estaba despierta antes de mi primer llanto, me aconsejó que no partiera cargado de zozobra, que meditara y que me asegurara de llevar el equipaje necesario, que dejara espacio para la poesía que por los caminos se iría revelando, y que no olvidara las buenas palabras del sabio Jamioy, poeta de la nación Kamsá del valle de Sibundoy, en el Putumayo colombiano, quien aconseja que en el camino “debes tener los pies en la cabeza para que tus pasos nunca sean ciegos”.

Los primeros días descubrí que la poesía de los caminos no se la encuentra en los libros, los poetas la escriben en la arena para que el viento esparza los versos por todos los senderos. Las palabras y los caminos son hilos de un mismo tejido secreto que se te va revelando con la urdimbre de los días. Pronto descubrí que el camino, como la poesía, también es algo que sucede en nuestro interior. En la travesía me encontré con caminos que son como un poema, su belleza es inexplicable. Vi que el otoño deja en los caminos las hojas en las que cuenta las historias de los viajeros, para que el espíritu del tiempo las recoja y las archive en su memoria vegetal aguardando por un poeta que descifre su escritura.

Los párrafos anteriores son de algunos poemas y prosas poéticas con las que abro mi poemario Diario de los caminos, que presenté en la feria internacional del libro de Santa Cruz. Un poemario que lleva dibujos de Gustavo Lara, fotografías de Fernando Soria, Tony Suárez, Javier Badani y otros fotógrafos; así como una ilustración de tapa de Romaneth Zárate. Es un poemario en el que, siguiendo la ruta trazada en Los Reinos Dorados, vuelvo a los poemas que están poseídos por un tema para hablar de la vida, del amor, de la existencia y de las revelaciones. El tema y la metáfora son los caminos, un intento por construir el poema desde la ontología del viaje como ejercicio del conocimiento. Es un poemario dedicado a mis hijos y, a manera de exégesis, intento explicarles una intensa peregrinación interior, sacándole el cuerpo a la realidad y escribiendo desde la emancipación del deseo y el reconocimiento de la sacralización de la naturaleza.

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