Columnistas

‘Diccionario de Antropología Boliviana’

Este diccionario es una herramienta útil a la hora de investigar o conocer la realidad de este país

La Razón / Homero Carvalho

04:56 / 08 de enero de 2012

De la autora de el Diccionario de Antropología Boliviana, Henriette Eva Szabó, por el volumen de la obra y enorme cantidad de datos y referencias que ofrece (más de 300 libros consultados, cerca de 200 artículos revisados en periódicos y revistas, entrevistas a expertos y conversaciones con intelectuales), uno podría pensar que se trata de una anciana al final de su carrera de investigación, o de una de esas viejitas bibliotecarias armada con su lupa y sus guantes blancos; sin embargo, Henriette, o Heni como le decimos los amigos, es una joven egresada de antropología de la Universidad Mayor de San Andrés con un masterado en Literatura.

Todos sabemos que un diccionario es un libro que, ordenado alfabéticamente, contiene explicaciones a cerca de las palabras de un idioma, un tema o una materia determinada por su autor o autores. En este caso se trata de un diccionario de la ciencia que trata del ser humano y de sus consideraciones culturales, físicas y morales de un territorio específico, Bolivia.

Las consideraciones son, pues, del orden de las culturas de las tierras altas y tierras bajas, así como de sus orígenes, mitos, cosmovisiones, costumbres y sus proyecciones. Y la meta de la autora, según lo confiesa en la introducción, es la de dotar a los estudiantes y al público en general de una herramienta de trabajo útil a la hora de investigar o conocer la realidad antropológica de este país pluricultural y multilingüe.

La autora ha tenido el cuidado de incluir desde conceptos generales de agricultura, arqueología, demografía, derecho, historia, lingüística, literatura y política entre otros, hasta palabras precisas en el lenguaje cotidiano del boliviano, lenguaje entendido como una construcción cultural. Gracias a este diccionario podemos enterarnos, por ejemplo, que las etnias que habitaban este territorio eran cerca de 400, la mayoría de ellas en tierras bajas. Y si bien es cierto que en la clasificación pueden repetirse algunos nombres, porque su gentilicio cambia de idioma, esto nos lleva a especular que la aglomeración de etnias en el oriente tenía una razón: que esta región, hace miles de años en el algún momento histórico, fue el centro del mundo y aquí confluyeron todas las civilizaciones. 

En sus páginas podemos encontrar muchos términos y denominaciones que nos harán comprender mejor la historia anterior y posterior a la República, como la presencia de las numerosas etnias de Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando. Por mi vocación literaria me llamó la atención la cantidad de palabras en idiomas nativos escritas en castellano que llevan las letras LL y Ñ, lo que vendría a significar que Bolivia es un yacimiento de estas letras. Algunos ejemplos: Llallawa, variedad de papa que nombra también a una localidad minera. Llajta o Llaxta, pueblo. Imilla, llocalla o llunku que la traducimos con el vulgar chupamedia.

Algo muy interesante que Heni Szabó extrae de Ludovico Bertonio, lingüista jesuita de la Colonia (que escribió el primer vocabulario de la lengua aymara), es la definición de Pachakuti que los ideólogos del indigenismo aymara la presentan como si fuera el tiempo del eterno retorno o la definición del cambio total, pero que ese sacerdote también lo tradujo como el “tiempo de guerra”.

Este diccionario nos ayudará a comprender y valorar la riqueza cultural de cada una de las etnias y nos permitirá respetarnos como parte de un tejido cultural y social mucho más grande que es la gran nación boliviana. Necesitamos de este tipo de información para pasar del reconocimiento de nuestra pluriculturalidad a la acción intercultural en la que todos valgamos por lo que somos.

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