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Dictadores

A quienes nacieron en democracia es justo explicarles que los dictadores no ‘salvaron a la patria’

La Razón / Lucía Sauma

01:35 / 19 de septiembre de 2013

Todavía es muy vívido el recuerdo de esa tarde de septiembre de 1982 en pleno centro de Santiago, tomando un “once” (té) en una elegantísima confitería de Huérfanos y Ahumada con familiares de detenidos de la dictadura de Pinochet. Citarse en lugares caros era la forma de despistar a los agentes de la Dirección de Inteligencia Nacional (Dina) que buscaban izquierdistas en los barrios populares o en las callampas lejos del centro de la capital chilena.

La cita era para entregar un reporte de situación de los detenidos y las gestiones para sacarlos de Chile a través de la Vicaría de la Solidaridad, institución de la Iglesia Católica que prestaba ayuda y denunciaba las atrocidades de la dictadura. En esa reunión, Viviana Díaz, hoy representante de los familiares de detenidos y desaparecidos chilenos, me entregó un cuadro grabado en madera hecho por las manos de uno de los presos políticos. Muy claramente me dio una tarea: “Le entrego este cuadro para que donde vaya cuente lo que pasa en Chile, aquí los periodistas no pueden informar, hágalo desde su país, cuente los testimonios, las historias que ha visto en las arpilleras de la Vicaría, lleve el cuadro para que no se olvide”. Después de 31 años, me gustaría que sepa que no me olvidé, y por eso todavía me siento incómoda cuando hablan de los generales, de los expresidentes y no terminan de llamarles como lo que fueron y serán hasta el final de la historia: dictadores, terribles dictadores.

A pesar del tiempo, ese cuadro que todavía conservo me impone el deber y la necesidad de informar a quienes nacieron en democracia que los dictadores no fueron un cuento inventado por “elementos subversivos”. Es justo explicarles que los torturadores de Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay o Brasil no “salvaron a la patria de caer en una dictadura totalitaria”, como suelen justificar los cómplices de las  dictaduras. Lo que hicieron fue asesinar a miles de personas, hacerlas desaparecer, arrojar sus cuerpos al mar en los vuelos de la muerte o enterrarlas en fosas  comunes para ocultar hasta ahora el lugar donde se encuentran. Los dictadores latinoamericanos hicieron un pacto de sangre, con toda la que derramaron en las sesiones de tortura donde quitaron los dientes a culatazos, golpearon las plantas de los pies hasta que sangren, violaron una y otra vez sin piedad a quienes soñaban con un mundo más justo, a los que amaban la libertad.

También es necesario contarles que el autor del cuadro, sin dejarse doblegar por los golpes o los insultos, grabó la imagen de una pareja sentada frente al sol naciente como símbolo de esperanza a toda prueba, para pesar y derrota de cualquier dictador.

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