Columnistas

Difícil y decisivo

Todo parece indicar que 2014 será un año decisivo, pleno de desafíos y vicisitudes.

La Razón (Edición Impresa) / Fernando Mayorga

00:00 / 05 de enero de 2014

Todo parece indicar que 2014 será un año decisivo. Pleno de desafíos y vicisitudes como cada tramo de la historia. Pero este viene con el sello del horóscopo chino que nos dice que es “el año del caballo de madera”, o sea... de Troya, engañador y lleno de infiltrados. Motivo para desconfiar de las envolturas que llevan cicuta con pinta de regalo, como cara de candidato con su bolsa de promesas como goles que nunca cruzan la línea de cal, tampoco la de arena. Mucho cuidado entonces, porque si no “estaremos jodidos todos ustedes”, como advierte el sabio aymara.

Este año empezó con casi todas las cartas echadas porque los jugadores empezaron a desplegar sus movimientos con anticipación. Apertura y clausura. Mucho antes de que termine el 2013 se dio inicio a la competencia con la parafernalia de declaraciones banales y cálculos aritméticos. Algunos contendientes optarán por la experiencia, aunque saben que la intuición es más eficaz. Como un arquero que cuando tapa un penal sabe que lo hizo más por diablo que por viejo. Todos sabemos que el azar gobierna los actos de los jugadores que pretenden orientarlos con pautas de racionalidad, a sabiendas de que las cosas suceden al margen de la voluntad y a pesar del consejo del profesor Bianchi que proclama a las cuatro tribunas: “Es cuestión de actitud”. Una recomendación banal, porque es patético apelar a la mentada energía positiva sin husmear el contexto, tan inútil como una encuesta radiofónica por celular o en boca de urna.

Hace 20 años predominaba la incertidumbre estratégica y existía un enorme margen de flexibilidad táctica. Max Fernández fue la expresión de la combinación de ambos elementos durante la “democracia pactada”; entonces denominé su estilo como “la política del silencio”. Pienso que, paradójicamente, todos los actores deberían adoptar ese estilo, puesto que hoy existe certeza programática en la política y, entonces, es plausible dejar para el fútbol eso de que “sorpresas te da la vida”, como entonaría el tigre Rubén Blades. No sugiero que los actores hagan mutis por el foro para cosechar éxitos, pero tampoco creo que exista margen para la vocinglería por aquello de que a boca cerrada no entran moscas. Y si se trata de acudir a las analogías animales es mejor recordar el consejo de Maquiavelo, quien propuso combinar la astucia de la zorra y la fuerza del león. Consenso y coerción. O sea que no hay mejor defensa que un buen ataque. No solamente en política y en fútbol, también si se trata de escuchar boleros, que es como vivir la vida y morir la muerte.

Ir al frente es una buena consigna en un año decisivo aunque el tramo esté empinado. Hay que tener a Sísifo como emblema en ese afán cuesta arriba para intentar llegar a la cima aunque la caída sea el preámbulo de un nuevo intento para permanecer en la Historia. Permanecer sin desfallecer, porque como dijo el filósofo: “lo que no mata, fortalece”, aunque se olvidó añadir “pero cómo duele, carajo”. Así que habrá que festejar las victorias por goleada y aguantar las derrotas, puesto que en política y en fútbol si algo existe —en la línea caprichosa del tiempo— es la revancha.

Es sabido que la historia es baladí, no obstante el proceso político está en una fase de estabilidad y no hay señales de tormenta. Por eso no me inquieta la tabla de posiciones que cuelga como una espada de Damocles sobre nuestra cabeza, porque Aurora no descenderá de categoría. Si acontece tal infortunio, enfrentaremos esa vicisitud con entereza y sin trampas porque en nosotros prevalece la dignidad, ese valor intangible que caracteriza el accionar del (Equipo del) Pueblo desde hace una década. En 2003 retornamos a la liga, el año que empezó “el proceso de cambio”. La historia no es circular.

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