Columnistas

¿Diglosia o qué?

Gracias a la lengua española podemos comunicarnos entre hispanohablantes y esto nos hermana

La Razón / Liliana Aguirre / La Paz

00:00 / 11 de diciembre de 2011

Se entiende por diglosia, en el mundo de la lingüística, a la supremacía social, política y económica que una sociedad otorga a una lengua sobre otra, usualmente en zonas bilingües.

Sin embargo, yo aún no conozco un término para referirme al hecho que sucedió en la universidad de Pittsburg en Estados Unidos, donde una maestra alega que fue despedida por enseñar español con pronunciación peninsular y no latinoamericana.

Sarah Williams aprendió castellano en España por lo que, obviamente, su estructura lingüística está marcada por rasgos característicos de la zona ibérica. Williams presentó una denuncia de discriminación contra la universidad argumentando que por su acento no le renovaron el contrato de trabajo. Según la maestra, la raíz del problema surge con la jefa del departamento, de nacionalidad boliviana, quien llama opresores a los españoles y quiere profesores latinoamericanos.

De ser las cosas tal como indica Williams, se abre un debate en torno a este hecho, porque ninguna lengua se puede considerar mejor o peor que otra y mucho menos una forma dialectal. El hecho de querer segregar a un hablante por su acento simplemente crea una discriminación etnocéntrica y sin fundamento que atenta contra los derechos lingüísticos.

El español de América es diverso; la forma de hablar de un argentino difiere de la de un peruano, lo mismo que la de un colombiano de la de un boliviano; y desde luego el español de España es distinto al del nuevo mundo; y ello no es razón para que un grupo sienta que habla mejor y quiera segregar al otro.

Las comunidades lingüísticas hablamos de manera distinta según nuestra edad, nuestra condición social, nuestra ubicación geográfica, la convivencia con otras lenguas o el interlocutor que tengamos en frente. La tarea de la lingüística y de la sociolingüística es analizar estos fenómenos ya que las lenguas están en constante evolución, pero es impensable que en una carrera universitaria de Literatura y Lenguas Hispánicas surja discriminación de este tipo.

La riqueza del hispanismo radica en que gracias a este idioma —que llegó a nuestro continente en 1492— podemos comunicarnos entre hispanohablantes y esto nos hermana. La gama diversa de acentos sólo da riqueza y no es un motivo para que se genere una absurda discriminación.

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