Columnistas

Dilemas de la integración suramericana

La Razón (Edición Impresa) / Horst Grebe López

00:00 / 03 de agosto de 2014

La cumbre de presidentes del Mercosur, llevada a cabo recientemente en Caracas, ha puesto en evidencia algunos de los problemas que tienen paralizado a este mecanismo de integración subregional. El evento apenas sirvió para el traspaso de la presidencia pro témpore a la Argentina, y para respaldar de paso con un tibio pronunciamiento a la presidenta Cristina Fernández frente al inminente riesgo de que su país sea empujado al abismo de una gravísima crisis financiera. Pero al mismo tiempo dejó en claro que, por de pronto, no existen condiciones para reparar las insuficiencias institucionales que lo aquejan, superar las controversias comerciales entre Brasil y Argentina, y acordar una estrategia común respecto de los otros mecanismos suramericanos de integración.

Aunque el tema no fue debatido en todo su alcance, se sabe que Venezuela planteó la ampliación de las relaciones con los países de la Alba, mientras que Brasil propuso en cambio buscar acuerdos comerciales con la Alianza del Pacífico. Tales divergencias ideológicas responden claramente a la incorporación de Venezuela, puesto que en el pasado los problemas del Mercosur se debían a sus asimetrías económicas internas, pero no a sus enfoques doctrinales y de relacionamiento internacional. Ahora preocupa que también se pretenda imponer posiciones ideológicas a la Unasur, cuya viabilidad efectiva depende esencialmente de la superación de las camisas de fuerza ideológicas.

América del Sur podría constituirse en un actor relevante en las transformaciones globales en curso. Bastaría para eso que se circunscriban algunas materias de interés común a todos, para que se encaminen proyectos estratégicos de infraestructura física y se establezcan asimismo programas de largo plazo respecto del cambio climático y el desarrollo sostenible de la región en su conjunto.  

Conviene recordar que América del Sur es una de las zonas geográficas más privilegiadas del planeta, puesto que cuenta con las mayores reservas de agua dulce; juega un rol relevante en la estabilización del clima global por las funciones ambientales que cumple la Amazonía; y dispone además de las mayores reservas conocidas de biodiversidad.

A comienzos de la década pasada, cuando empezó a perfilarse el proyecto de América del Sur como una región con identidad propia dentro de América Latina, prevaleció una gran visión sobre sus proyecciones y potencialidades. Una visión de esas características adquiere hoy una relevancia aún mucho mayor en vista de las nuevas circunstancias geopolíticas que se han establecido en el mundo, en el contexto de una transición hegemónica de larga duración.

Además de una concepción regional derivada de la geografía, las riquezas naturales y las enormes potencialidades de su gente, los países suramericanos disponen de una valiosa experiencia de cooperación económica a diversas escalas. Todo este acervo de factores podría ensamblarse en un enfoque común sobre las cuestiones globales, incluyendo el hecho de que en la región jamás han ocurrido conflictos violentos de tipo racial o religioso, y que el mestizaje por el contrario ha constituido la esencia de la convivencia pacífica entre diversas culturas.

Por su colocación geográfica y su pertenencia a las tres grandes cuencas del Amazonas, del Plata y de los Andes, Bolivia tiene intereses concretos en el despliegue en gran escala de un sistema integrado de carreteras de calidad internacional, ferrocarriles bioceánicos, grandes ríos navegables y puertos de dimensiones y tecnologías equivalentes a los que se construyen en el sudeste asiático. Bajo tales condiciones se justifica su incorporación al Mercosur, no obstante que en materia comercial no tiene mucho que ganar, y quizás bastante que perder.

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