Columnistas

Dinamitando las entrañas de la Tierra

El invasor colonial, el k’ara, no sólo está afuera, está también dentro, y está matando los sueños.

La Razón / Julieta Paredes

00:00 / 23 de septiembre de 2012

Por qué tiene que ser la muerte de un compañero minero y otros gravemente heridos lo que produce hoy espacios de reflexión? No aprendemos a reflexionar en prevención, es decir, para prevenir la violencia. A pesar de que nos esforzamos por hablar y proponer, hay sordos por conveniencia que abundan. Son fundamentalmente hombres, pero también hay mujeres que no quieren entender que el opresor, el patriarca, el invasor colonial, el k’ara, no sólo está afuera, está también dentro nuestro, y está matando los sueños de hacer un proceso de cambio que revolucione nuestras vidas.

En esta ocasión quiero incidir sobre uno de los aspectos de nuestras complicidades con el sistema que denunciamos, las complicidades de quienes dicen apoyar y ser proceso de cambio. Hay algunos compañeros que pavonean su machismo sin ninguna vergüenza. Se creen descubridores de la despatriarcalización, por ejemplo, pero consideran que es a patadas o a dinamitazos que se va a reducir al otro; creen sin ningún reparo que pueden seguir siendo dueños del pensamiento y los cuerpos de las mujeres. Prueba de ello es que hasta ahora no se despenaliza el aborto.

No va a cambiar nada si sólo se cambia de actores pero los comportamientos siguen siendo los mismos; es necesaria la reflexión sobre las formas cómo se internaliza al opresor. Una de esas formas es la de no poner en cuestión la propiedad privada. Ya lo decía Engels, que la familia, la propiedad privada, y el Estado eran los pilares del capitalismo. Claro, Engels no habló de la heterosexualidad obligatoria, ni la obligatoriedad de ser madres, por ejemplo.

Dicen los compañeros ser socialistas, pero hay algunos hermanos que no están poniendo en cuestión ninguna de estas premisas. La familia hoy es fortalecida por matrimonios colectivos, con hermanos indígenas que hacen lo mismo que los curas y los pastores. La propiedad privada no ha sido cuestionada, sino más bien fortalecida. Se habla de una convivencia con el capital, algo como una “equidad de clase”, absurdo. De nada sirve que el Álvaro ya no hable de su tesis de Capitalismo Andino, pero es esto lo que se vive en algunas esferas del Gobierno. El Estado no se lo cuestiona, nos estamos conformando con decir que es plurinacional. No basta, este Estado Plurinacional debe ser sólo para transitar a otra forma de organización social, donde no haya propiedad privada, ni familia, para empezar. Por tanto, la nacionalización de todos los recursos naturales y servicios es urgente, pero no es suficiente si no empezamos a cuestionar la existencia del propio Estado.  

Me extraña que los comentarios acerca de la violencia del martes 18 de septiembre se limiten a echar la culpa al Gobierno. Claro que la tiene, pero ese no es el problema. Si éste es nuestro proceso, pues ¿dónde están las y los dirigentes? Sabemos que los policías sólo amenazan y son braucones con la gente desarmada; repito de nuevo ¿dónde está el pueblo, dónde estamos, dónde están las mujeres dirigentes y los hombres dirigentes? ¿Dónde?

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