Columnistas

Dinamitemos los puentes

Los paceños y los bolivianos en general tenemos una irresistible necesidad de  fabricar ‘tradiciones’

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Bajo Herreras

00:01 / 25 de diciembre de 2013

El Alcalde de La Paz y la exreina del Carnaval cruceño se casaron hace unos días. No, no voy a renegar por la excesiva cobertura de algunos medios, incluido éste. Los esposos cumplieron tras la ceremonia con una “tradición” paceña: cruzar los nuevos Puentes Trillizos. ¿Desde cuándo es esto una “tradición”?

El sábado, por el paseo aéreo del Parque Urbano Central, desfilaban flamantes parejas de inmaculados esposos, con comitiva nupcial y camarógrafos: otra tradición. ¿Y qué me dicen de esos  nuevos comprometidos ante Dios y sus viejas leyes que desfilan por el aeropuerto de El Alto? Los paceños y los bolivianos en general (en Potosí los paseos son por la nueva terminal de buses) tenemos una irresistible necesidad de fabricar “tradiciones” o reinventarlas constantemente. El pasado es presente, siempre; la tradición está a la vuelta de la esquina, esperándote.

La idea de la tradición es una creación —en sí misma— de esta modernidad en la que vivimos. Lo hacemos para recrearnos de nuevo, para romper con lo viejo, caduco, trasnochado. Van a perdonar los derechosos, pero algunos ya lo cantábamos puño en alto en “La Internacional”:  “Del pasado hay que hacer añico /¡Legión esclava en pie a vencer! /El mundo va a cambiar de base. / Los nada de hoy todo han de ser”.

Dice el gran historiador marxista inglés Eric Hobsbawm, muerto hace un año: “Algunas tradiciones sucumben a la modernidad; vaciadas de su contenido se convierten en ‘kitsch’ y desconectadas de la vida cotidiana, mueren”. ¿No es algo totalmente kitsch casarte e ir a pasear por un aeropuerto con pasajeros llenos de prisas y maletas con personas? ¿Hasta cuándo la tradición —una moda pasajera vacía— de cruzar el último puente inaugurado se conectará con nuestra cotidianidad? ¿Cuál será la próxima tradición a inventarse para simbolizar como metáfora trucha el tránsito de una vida a otra?

Pero no, no toda tradición es una maldición, como cantaba el grupo de punk vasco La Polla Récords. Conservamos tradiciones lindas y milenarias, aunque de tanto repetir los rituales ya no entendamos su contenido; y de tanto celebrar algunas fiestas, hayamos olvidado su vieja razón de ser.

Al final, creo que las tradiciones que “merecen” la pena son aquellas que los pueblos mantienen vivitas y coleando. Las que desaparecen son las que nosotros mismos dejamos colgadas en el desuso, así como se cambia la chamarra que una vez estuvo de moda pero ya, de vieja, no se muestra en público. La vida fluye y en su tiranía mata primero lo vacío.

Solo le pido a los dioses que por favor algún día la boludez de ir al aeropuerto a celebrar un casamiento o caminar por un puente se convierta en algo tan kitsch que pierda sentido; o simplemente pase de moda. Aunque confieso que soy totalmente pesimista al respecto: lo kitsch nos constituye. Respiramos, vemos, creamos y “consumimos” kitsch: los cd’s que cuelgan en los minibuses, los osos polares de la diablada, los neonazis andinos, el huayño cumbia, ese edificio multicolor al inicio de la avenida Arce... El kitsch es un rasgo definitivo de la bolivianidad.

Los amantes y cultores de lo kitsch son hartos, por eso nos ganarán siempre. Ya lo dice Antonio Muñoz Molina: “Vacunadas contra la ironía, inmunes al ridículo, hay personas que pasan la vida entera sumergidas en la melaza del kitsch, asombradas y admiradas de su propia sensibilidad, convencidas sinceramente de la autenticidad de su propio histrionismo”.

Creo que hay paseos nupciales por los Puentes Trillizos para rato: todos querrán recorrer el mismo camino de nuestro Alcalde colla y la linda cambita. Otra batalla que perdemos. Dinamitemos los puentes, como hizo Martín Boulocq en su primera película.

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