Columnistas

Diplomáticos pordioseros

Desde afuera llegan chismes de cocina que empañan la imagen del servicio exterior boliviano

La Razón / José Gramunt de Moragas

00:11 / 03 de octubre de 2012

Desde Washington y desde Berlín llegan chismes de cocina que empañan la imagen del servicio exterior boliviano. En efecto, la prensa hispana de la capital norteamericana tiene el ojo puesto en el consulado de nuestro país. Dice que el principal funcionario de esa repartición recibía ayuda económica de la asistencia pública federal en beneficio de su hijo, alegando la pobreza de la familia.

Al otro lado del planeta, la Asociación de Bolivianos en Berlín (La Llajta) denuncia malos tratos contra una trabajadora del hogar y niñera de la hija de la ministra de Transparencia, Nardi Suxo. El vicepresidente García Linera no lo cree y repite la consabida cantinela de que éstas son mentiras de los periodistas a quienes —para quitarles el sueño— recuerda que está pendiente una acción judicial contra tres medios de comunicación independientes, por los supuestos delitos de “difusión de la discriminación y el racismo”.

Entre las causas de éstos y otros desarreglos en el servicio exterior hay que mencionar que muchos de los nombramientos —ellas y ellos— para ocupar cargos diplomáticos se hacen a dedo, sin considerar la formación ética y profesional de los agraciados, ni si han cursado los estudios apropiados en la escuela diplomática ni si conocen mínimamente los idiomas de los países en los cuales ejercerán su trabajo. Muchos nombramientos se hacen siguiendo los cánones del prebendalismo político; por los servicios prestados al partido en el poder. E incluso, a modo de exilio dorado para algún díscolo al que no puede dejarse tirado en la cuneta, cuando molesta su permanencia en el país.

¿Cómo se las arreglarán esos funcionarios impreparados para tratar asuntos de interés bilateral y multilateral? De ahí que, cuando éstos se presentan, hay que enviar frondosas comisiones. En el mejor de los gastos será gente preparada. En cualquier caso será un fuerte latigazo al presupuesto nacional. Porque ninguna comisión oficial se aloja en hoteles modestos ni se alimenta en boliches de tres al cuarto.

Convengamos en que una de las deficiencias más comunes de la Cancillería boliviana fue no pagar puntualmente a sus empleados en el  exterior. Lo cual sirvió de pretexto para que algunos abusaran de privilegios, tales como la liberación de impuestos para importar vehículos de marca, licores y otras mercaderías de lujo. Alguna oficina diplomática boliviana (y de otros países) parecía un bazar. Entre los episodios de este género se cuenta de un embajador de filiación masista, que convirtió la residencia oficial en un conventillo para sus amiguetes bolivianos. Dejo a la fértil imaginación del lector bajar a más detalles sobre este caso.

Lamentable forma de distribuir-repartirse la elevada función de representar al Jefe del Estado en otras latitudes. Y luego dirá el Gobierno que la culpa de este desorden la tienen los periodistas. Una vez descargado el fardo innoble de nuestra diplomacia, justo es reconocer el mérito de aquellos funcionarios que cumplen correctamente con sus funciones y nadie les da ni siquiera una palmadita de agradecimiento.

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