Columnistas

Discriminación contra las mujeres

Para mantener sus lazos políticos con  el Gobierno, deben enmudecer frente a estos atropellos

La Razón / Del otro lado - Fernanda Wanderley

01:32 / 04 de marzo de 2012

Para interesar a mis hijas por la lectura de los periódicos, todas las mañanas busco noticias que les pueden causar gracia o curiosidad. Una táctica que viene funcionando bastante bien, aunque no siempre por lo jocoso o insólito que las noticias pueden resultar. Algunas mañanas mi informativo familiar resulta menos relajado cuando solo encuentro notas periodísticas sorprendentes pero dañinas y/o de mal gusto. En Carnaval, no me animé a leer la noticia más absurda del periódico a mis hijas —las coplas carnavaleras cantadas por altos mandatarios— porque eran demasiado ofensivas y vergonzosas.

Aunque no lo crean, éstas decían: “Este Presidente de gran corazón, a todas las ministras les quita el calzón”, “Las ministras andan por los balcones, pidiendo limosna para sus calzones”, “Nuestro Presidente mujeriego es y cambia de chica en un dos por tres”, “Nuestro Presidente muy pícaro es, sólo quiere a una y se come a tres”. La verdad es que la participación del Primer Mandatario en esta triste escena ya no causa sorpresa después del largo repertorio de chistes machistas. Lo que sí resulta increíble es la distribución de volantes “oficiales”con las coplas escritas, iniciativa de un Ministerio dirigido por una mujer!

El mal gusto de las rimas oficiales y los patéticos esfuerzos de justificación por parte de la Ministra de Comunicación desvendan las reales condiciones de la participación política de las mujeres en el entorno gubernamental. Mientras algunas son conscientes del precio que están pagando y pragmáticamente hacen vista gorda a los actos de discriminación contra las mujeres, otras ni se dan cuenta de lo denigrante y dañino que son estos actos y palabras para todas las mujeres, y participan “ingenuamente” del juego misógeno del entorno palaciego.

Ni las Bartolinas se salvaron. Y mientras leía la copla que decía “Bartolina Sisas tienen mucha fama, por eso las llevo directo a mi cama”, me acordaba del excelente discurso de la dirigente de esta organización, Felipa Huanca, denunciando el machismo al interior de la COB. ¡Qué situación de las Bartolinas! Para mantener sus lazos políticos con el Gobierno, deben enmudecer frente a estos atropellos, que son las manifestaciones más torpes de una sociedad profundamente machista.

Infelizmente la falta de respeto, la desconfianza y la resistencia a aceptar a las mujeres como pares e iguales a los hombres siguen presentes en los diversos ámbitos sociales, y atraviesan generaciones, clases sociales y grupos étnicos. El rechazo al ingreso de estudiantes mujeres por parte de estudiantes y padres de familia de un tradicional colegio es un claro ejemplo de la transmisión intergeneracional de las mentalidades y prácticas discriminadoras al interior de las familias y de las escuelas. Situación que también es reforzada en nuestras universidades. Aunque no se convirtió en noticia, todavía hay profesores que “enseñan” a las nuevas generaciones sobre la “racionalidad económica” de no contratar a las mujeres en edad fértil,  debido a los costos de un posible embarazo y a los comportamientos oportunistas que supuestamente éstas adoptarían durante este periodo.

La lista de los ejemplos de prácticas y discursos discriminadores podría extenderse al infinito. Claramente no es suficiente contar con una Constitución progresista en términos de derechos, convenios internacionales suscritos y leyes para promover la equidad de género. Se requiere de compromisos y acciones concretas de parte del conjunto de la sociedad para superar efectivamente las prácticas cotidianas que reproducen y justifican la discriminación. Tarea que es mucho más difícil cuando las autoridades políticas son las primeras en naturalizar estas prácticas.

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