Columnistas

Disfrutar o destruir

Hace falta apropiarse de los espacios públicos desde la perspectiva del bien común para disfrutarlos.

La Razón (Edición Impresa) / Lucía Sauma

00:15 / 27 de octubre de 2016

El parque de dinosaurios de Sacaba, en Cochabamba, se cerró una semana después de inaugurado en julio de este año, porque los visitantes se subieron sobre las esculturas del tiranosaurio rex, del anquilosaurio y del inmenso triceratops; destruyeron un carrusel; terminaron con las colas de los gigantes e indefensos saurios; arrancaron los basureros y usaron algunas de las figuras como baños públicos. El parque se construyó en dos años, costó Bs 3 millones, y en cinco días quedó destrozado.

La noche del sábado 22 de octubre se inauguró “El Prado” de El Alto, un kilómetro de jardineras, con seis fuentes de agua, 300 luces led y 80 bancas. A las pocas horas del acto inaugural, desde la oscuridad alguien lanzó piedras a la fuente principal quebrando sus boquillas. Esta conducta fue replicada inmediatamente por otras personas que pensaron en “divertirse” lanzando distintos objetos y palos a las fuentes, que luego fueron utilizadas por las comideras para lavar sus enseres y vajilla.

Seguramente existen argumentos sociológicos y psicológicos que expliquen estas acciones. Pero desde la cotidianidad y la conversación más simple y menos ilustrada con la gente común y corriente, el razonamiento conduce a encontrar como una causa la falta de apropiación de la ciudad, de las calles, de los parques, es decir, del espacio público; el creer que el derecho del ciudadano sobre el bien común es destruirlo en un acto de egoísmo puro, porque de esa manera se toma posesión y se evita que el otro goce del bien compartido.

El caso inverso es el de los grafiteros que se apropian del espacio público, para muchos, de forma abusiva. No hay calle ni muro que se precie de estar sin mancha. Es verdad que las explicaciones sociológicas sobre los grafitis dicen que es arte urbano, que es otra forma de comunicación donde la calle y sus muros son los medios de expresión. ¿Cuántos de estos grafitis son entendibles? Gran parte de esos escritos en las paredes recién pintadas suelen ser las firmas de adolescentes que buscan su identidad a través de manchones negros que solo reconocerá él o ella, porque para el resto no pasan de ser garabatos incomprensibles, impresentables y, lo peor, imborrables.

Hace falta apropiarse de las calles, los callejones, las plazas, los paseos desde la perspectiva del bien común para disfrutarlos, conservarlos y compartirlos. Quizás sirva recordar que el dinero de los ciudadanos está puesto en esos espacios públicos, tal vez de ese modo ya no se doblen las cercas de fierro que defienden las jardineras. Esa idea podría servir para que los basureros no terminen desfondados en menos de lo que dura una pompa de jabón. Hace falta defender lo nuestro a pesar de nosotros mismos. 

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