Columnistas

Disminución de las empresas emergentes

La Razón (Edición Impresa) / Foro - Fareed Zakaria

22:36 / 02 de junio de 2016

De acuerdo con la red social AngelList, Silicon Valley posee más de 23.000 compañías emergentes. Y efectivamente así lo parece cuando uno visita Palo Alto (California). Pero resulta ser que este lugar es la excepción de una tendencia preocupante. Está bien documentado que la actividad emergente ha ido ralentizándose en Estados Unidos por cerca de tres décadas, y que ha disminuido bruscamente en los últimos 10 años. Incluso mientras la cultura estadounidense ha convertido a emprendedores en estrellas de rock, la economía está produciendo menos y menos cantidad de ellos.

Las empresas emergentes han sido centrales para la salud económica de EEUU. Un estudio publicado en diciembre por la Oficina Nacional de Investigación Económica señala que, durante las décadas del 80 y 90, cuando la actividad emprendedora era alta, las nuevas empresas jugaron un rol excesivo al potenciar la innovación, la productividad y la creación de empleos.

Hay varias maneras diferentes de medir el crecimiento y el éxito de las empresas emergentes. Sin embargo, todas apuntan a una conclusión similar. La fundación Kauffman informa que el porcentaje de adultos que son dueños de una empresa ha ido en declive desde la década de los 90, cuando la fundación comenzó por primera vez a rastrear ese número. En la Institución Brookings, Ian Hathaway y Robert Litan encontraron que la tasa de compañías emergentes (el número de nuevas empresas como porcentaje de todas las firmas) se ha reducido casi a la mitad desde 1978.

¿Por qué sucede esto? Nadie está exactamente seguro. Algunos culpan con rapidez al Gobierno. Hay algo en cuanto a esta crítica. No obstante, la historia es complicada. Si los impuestos altos desalientan a los aspirantes a emprendedores, entonces ¿cómo se explicaría la irrupción de las compañías emergentes en los 70 y principios de los 80, cuando los tipos impositivos eran altísimos? En ese periodo, Estados Unidos albergaba industrias altamente reguladas, estanflación económica, confusión social y política, y ansiedades geopolíticas. Sin embargo, produjo Silicon Valley. Incluso ahora el estado de California se encuentra entre los más altos del país en términos de impuestos y regulación. No obstante, es también el hogar de una de las actividades emprendedoras más vibrantes del mundo, en sectores tan diversos como la alta tecnología, el entretenimiento y la energía.

Empero, ciertamente el incremento de las regulaciones entorpece la actividad empresarial. La revista The Economist argumenta que la economía estadounidense se ha desarrollado menos competitivamente en los últimos 20 años. Luego de una ola de desregulación en los 80, la burocracia ha proliferado, los requisitos de autorización se han expandido y los costos legales han aumentado drásticamente. Firmas grandes y afianzadas, que cuentan con abogados y cabilderos, son capaces de pilotar este panorama regulador mejor que los nuevos. “El juego puede de veras ser manipulado”, concluye. El informe de Brookings muestra que empresas establecidas, con 16 años o más de operación, han obtenido proporciones considerables del mercado y de los trabajadores. Los autores notan que “ser titular se ha convertido en algo cada vez más ventajoso, particularmente uno arraigado, y ser un nuevo operador, menos ventajoso”.

Sin embargo, un factor menos observado que podría ser crucial es generacional. Los baby boomers (personas que nacieron en países anglosajones entre los 40 y finales de los 50) han demostrado ser grandes emprendedores, han puesto en marcha empresas cuando eran jóvenes y las mantuvieron mientras envejecían. Las generaciones posteriores son mucho menos propensas a fundar sus propias firmas. Leigh Buchanan, citando información de Kauffman, explicó que el porcentaje de compañías emergentes impulsadas por personas en sus 20 y 30 años cayó desde un 35% en 1996 hasta un 18% en 2014. Mientras tanto, el porcentaje de las empresas fundadas por personas en sus 50 y 60 años ha aumentado en la última década.

Hoy en día, los jóvenes se visten como los emprendedores de Silicon Valley, consumen tecnología vorazmente y hablan acerca de las tecnologías disruptivas; pero en realidad desean trabajar en Goldman Sachs, McKinsey y Google. Son serios, inteligentes, expertos y reacios al riesgo. ¿Acaso esta prudencia es fruto de años de ingresos estancados, de la crisis financiera y de una economía deprimida? Tal vez, pero pienso que hay algo más amplio en el trabajo.

Los baby boomers fueron moldeados en la década de los 60 y por su contracultura. Les dijeron que debían “sintonizar” con sus pasiones y salirse del viejo establecimiento. Eran rebeldes respecto a todo: la política, la autoridad parental, la moralidad pasada de moda y las grandes instituciones. Sus buenas disposiciones para arremeter por cuenta propia no fueron actitudes para obtener fondos de capital de riesgo. Fue una expresión de sus pasiones.De ese mundo bohemio surgió la cultura de empresas emergentes informal que ahora se ha tornado tradicional. Steve Jobs explicó una vez que utilizar LSD fue una de las dos o tres cosas más importantes que hizo. Al describir sus influencias intelectuales, señaló a la “biblia” Beatnik como el catálogo del mundo entero. Su fundador, Stewart Brand, argumentó en un ensayo que debemos a los hippies la revolución sin líder, individualista y descentralizada de las computadoras personales y del internet.

Ciertamente el ataque de la contracultura contra el establecimiento y los valores tradicionales provocó enormes disturbios políticos y sociales. Hubo un deterioro de la ley y el orden, de la confianza en el gobierno, de la estructura familiar y del respeto a la autoridad. Entonces, la pregunta es: ¿podemos obtener una alteración, pero de un tipo que no sea tan perjudicial? 

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