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Disquisiciones diversas

El dólar barato incentiva las importaciones, sustituyendo la producción nacional

La Razón / Rolando Morales Anaya

01:46 / 15 de noviembre de 2013

La matrícula escolar no es un certificado de asistencia escolar. En las últimas dos décadas, la matrícula ha aumentado mucho, pero lo ha hecho en un contexto donde la inasistencia escolar y la informalidad afectan a un tercio de los alumnos, echando por tierra los esfuerzos del país y de las familias en materia de educación. El índice de deserción debería medirse a partir de la asistencia escolar y no de la matrícula.

La reciente importación realizada por el Gobierno de grandes cantidades de verduras y tubérculos frescos desde el Perú bajo la preocupación de disminuir la presión inflacionaria y de evitar sus efectos en las familias tiene un fuerte impacto negativo en la economía de los productores agrícolas que compensan sus malas cosechas aumentando sus precios. En otras palabras, si bien ayuda a los consumidores urbanos, afecta al campesinado y a la agricultura, que es el talón de Aquiles de la economía boliviana.

El actual brote inflacionario se origina en gran medida en el ciclo agrícola y en las malas cosechas precedentes, pero no puede dejarse de lado la consideración monetaria debido al acelerado crecimiento de los medios de pagos en los últimos años. Esto no ha provocado hasta la fecha alzas preocupantes de precios, pero se constituye en un peligro latente que puede ser activado, por ejemplo, por un reventón de la burbuja en el sector inmobiliario y/o por las disposiciones contenidas en la reciente Ley de Servicios Financieros.

No es algo aconsejable para una economía que el precio del dólar se mantenga constante mientras los precios domésticos suben más rápidamente que los del exterior. El dólar barato incentiva las importaciones, las que crecen a un ritmo impresionante sustituyendo la producción nacional.

A pesar del crecimiento de las importaciones, su valor sigue siendo inferior al de las exportaciones, lo que explica en gran medida el importante excedente en la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos. En algunas circunstancias esto sería una buena noticia, pero en el caso de Bolivia refleja únicamente el bajo nivel de la inversión nacional frente a la acumulación de ahorros millonarios sobre todo en el sector privado.

Además de tener saldos positivos en la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos, nos prestamos dinero del exterior generando también saldos positivos en la Cuenta Capital, con el sorprendente resultado de que ambas formas de saldos alimentan el aumento de las reservas internacionales, que son colocadas en el exterior. Por los préstamos pagamos tasas altas de interés, entre el 4 y el 5%, mientras que por nuestras reservas recibimos en el mejor de los casos 1,5%.

El Banco Central constituye las reservas internacionales comprando dólares del sector exportador, para ello emite dinero. Hace también la operación inversa: vende dólares y recupera el dinero que emitió anteriormente. Pero si presta los dólares de las reservas sin recibir la contraparte en bolivianos, todo ocurre como si estaría (o hubiera) emitido dinero inorgánico. Como todos saben, las emisiones inorgánicas constituyen uno de los mejores combustibles para la inflación. Conocedor de ese peligro, el BCB emite bonos para “reabsorber” sus emisiones, pagando altas tasas de interés. Sería mejor reemplazar estas operaciones por la venta de bonos directamente por parte de las empresas públicas beneficiarias de los créditos del BCB.

Las democracias con partido único no son verdaderamente democracias.

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