Columnistas

Dobleces (no) sexistas

A título de ‘no sexis-mo’ y pasando por alto el convenido genérico se contraviene el sentido común.

La Razón / Óscar Díaz Arnau

03:45 / 02 de abril de 2012

Un artículo de la Constitución Bolivariana, que rige normativamente la vida de los venezolanos, ha sido citado como ejemplo de mal uso del castellano por uno de los académicos de la lengua española. Cual jinete del surf, el ilustrado critica la forma —barroca, excesiva— de ese texto, montándose sobre la cresta de una ola de expresiones que amenazan con arrastrarnos a todos hacia un mar de sinsentidos.

Ignacio Bosque, miembro de la Real Academia Española (RAE), ha recibido el respaldo de esa institución luego de que presentara un meticuloso informe en el que cuestiona el desdoblamiento léxico a propósito de recomendaciones lingüísticas surgidas en “guías de lenguaje no sexista”: distinciones de género y sexo por una cuestión de ‘visibilización’ del femenino, última moda de la redacción en América Latina y España.

Al notar que esa moda provocaba comezón en los ojos y los oídos, escribí La RAE y el ‘gatoflorismo’ (La Razón, 30-05-2011) y Las y los (La Razón, 27-06-2011) fijando, en la primera de esas columnas, una posición contraria a la Real Academia y, en la segunda, a favor por mis reparos a la ocurrencia “antidiscriminatoria” de que todo masculino sea acompañado por un femenino innecesario.

A título de ‘no sexismo’ y pasando por alto el, hasta ahora, convenido genérico, se sobrecarga, se exagera, se abruma y se reboza en incorrecciones. Pero, al margen de cualquier atisbo de pulcritud o celo por la norma (que critico a veces), dejando fuera de consideración el hecho de que el idioma sea devastado por una estulticia progresista o que su destrucción sea alentada por un radicalismo absurdo, lo más grave es que se contraviene el sentido común.

En su ejemplo, Bosque transcribe la siguiente afrenta a la inteligencia de un niño de dos años que aprende a identificar las vocales (tome aire): «Sólo los venezolanos y venezolanas por nacimiento y sin otra nacionalidad podrán ejercer los cargos de Presidente o Presidenta de la República, Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Presidente o Presidenta y Vicepresidentes o Vicepresidentas de la Asamblea Nacional.

Magistrados o magistradas del Tribunal Supremo de Justicia, Presidente o Presidenta del Consejo Nacional Electoral, Procurador o Procuradora General de la República, Contralor o Contralora General de la República, Fiscal General de la República, Defensor o Defensora del Pueblo, Ministros o Ministras de los despachos relacionados con la seguridad de la Nación, finanzas, energía y minas, educación; Gobernadores o Gobernadoras y Alcaldes o Alcaldesas de los Estados y Municipios fronterizos y de aquellos contemplados en la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional.»

Con tan esmerada redacción, la Carta Magna del Estado Plurinacional de Bolivia, reflejo de los cambios políticos de la República Bolivariana de Venezuela, no podía ser menos florida. En ella abundan “las bolivianas y los bolivianos”, “las trabajadoras y los trabajadores”, “las usuarias y los usuarios”, “las consumidoras y los consumidores”, “las dirigentas y los dirigentes”, entre otros dobleces soporíferos, invariablemente, como buenos caballeros (¿no es esto un velado machismo?), con las damas por delante.

Por un descuido imperdonable, los constituyentes, al momento de tratar los ineludibles “derechos”, “beneficios” y “salarios”, han obviado los respectivos femeninos “derechas”, “beneficias” y “salarias”. Cuesta creerlo, pero se han olvidado de desdoblar toda la lengua. Lo inaceptable es su osadía de haber vuelto invisibles a esas indefensas mujeres. Estuvieron cerca de pasar el examen de impecable manejo del lenguaje no sexista.

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