Columnistas

Dominación mediática

La información es utilizada para el dominio político y económico de nuestros pueblos

La Razón (Edición Impresa) / Reymi Ferreira

02:18 / 25 de abril de 2014

El genial periodista Gabriel García Márquez fue redactor, representando a América Latina, del denominado Informe MacBride, titulado Un solo mundo, voces múltiples (1980), documento aprobado por la Unesco que denunciaba el colonialismo mediático impuesto por las transnacionales informativas, que imponen fuentes, delinean agendas informativas y enfoques que refuerzan el dominio del norte sobre el sur. A raíz del informe, la Unesco aprobó la propuesta de crear un Nuevo Orden Mundial de la Información y Comunicación (NOMIC).

La información es utilizada para el dominio político y económico de nuestros pueblos y para la imposición de modelos culturales alienantes que pretenden globalizar el “American way of  life,” desvalorizando las culturas locales. La dominación mediática es la más sutil de las formas de oprimir, y desde que Gene Sharp (autor de la teoría del “Golpe suave”) planteó que era más efectivo usar los medios de comunicación que las balas para derribar gobiernos enemigos del “mercado libre”, éstos se han convertido en instrumentos de agresión y desestabilización política privilegiada, tal como ha ocurrido en Ucrania, país en el que se derribó a un gobierno democrático por grupos fascistas, que las agencias informativas presentaron como demócratas. La invasión de Irak fue justificada con la supuesta tenencia de armas químicas del régimen, versión amplificada por las agencias informativas, que después de comprobarse la falsedad de las mismas no rectificaron la información. Las consecuencias de esa canallada fueron cientos de miles de muertos, el saqueo del petróleo y la destrucción de ciudades, como Bagdad, que pasó a ser una de las peores del mundo.

Cualquier esfuerzo de construir redes alternativas, comunitarias o estatales, es combatido desde afuera y  desde adentro, y a título de defender la “libertad de expresión”, de forma cínica se pretende mantener el monopolio privado que casi siempre ha estado al servicio de intereses ajenos. Las agencias y sus intermediarios locales manejan a control remoto la opinión de la población, y tal es su poder que incluso intelectuales opinan bajo el hado de libretos diseñados desde el norte, como James Petras, cuyo escrito Radicalismo externo, ortodoxia en casa, no pasa de un relato superficial de la realidad boliviana. Más grave es el error de Heinz Dieterich, quien estudió el fenómeno de la nueva izquierda latinoamericana, y a comienzos de marzo vaticinó que el Gobierno en Venezuela caería entre marzo y abril, basándose (probablemente) en las noticias de las agencias. Falta una semana para que el plazo se cumpla, y la terca realidad indica que el presidente Maduro no caerá y que, por el contrario, la conspiración mediática está en sus estertores.

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