Columnistas

Don Aniceto Arce

Aniceto Arce fue uno de los principales luchadores por romper el enclaustramiento geográfico nacional

La Razón / Ramiro Prudencio Lizón

01:37 / 27 de marzo de 2013

La semana pasada hubo muchos comentarios en Tv sobre la Guerra del Pacífico y sobre el papel que le cupo realizar a los diferentes personajes nacionales que intervinieron en esa trágica contienda.  Pero, lamentablemente, algunos de esos que podríamos denominar seudohistoriadores  se atrevieron a criticar acerbamente la obra de ciertas personalidades, como don Aniceto Arce, quien posteriormente fuera presidente de la República.

Evidentemente los historiadores nacionales, salvo algunos muy meritorios, no se han preocupado mucho en resaltar el tenaz esfuerzo que efectuó el doctor Arce para obtener un puerto propio y soberano después de la desgraciada pérdida de nuestro litoral a causa de la guerra.  Además, no era un puerto cualquiera el que pretendía sino el de Arica, el mismo que fue anhelado por casi todos los gobernantes anteriores a ese conflicto, es decir, Sucre, Santa Cruz, Ballivián, Belzu, Linares y Melgarejo, y ello, por ser el puerto natural de Bolivia.

Durante el conflicto y luego del desastre de la batalla del Alto de la Alianza, donde casi todo el ejército boliviano fue destruido, don Aniceto insistió en negociar un acuerdo de paz por separado, en base a la cesión a Bolivia de Tacna y Arica. Pero el presidente Narciso Campero, ofuscado por las presiones de los llamados guerristas, prefirió desterrar a Arce, a pesar de estar de Primer Vicepresidente, y continuar manteniendo la alianza con Perú, aunque ella sólo nos podía conducir al enclaustramiento geográfico. Así, durante cuatro largos años, no se hizo la paz pero tampoco la guerra, quedándonos en una indecisión que provocó el resentimiento tanto de Chile como del Perú.

Pocos años después, y estando al mando de la nación, don Aniceto continuó su política portuaria.  Pero la situación en Chile había cambiado. Los propugnadores de una paz amistosa con Bolivia, como el expresidente Santa María, fallecieron o dejaron de tener influencia política en su país. Les sucedieron hombres nuevos como Balmaceda, quienes, impactados por el potenciamiento de su país a causa de la gran riqueza del salitre, ya no tenían miramientos con los vencidos. Pero sorpresivamente estalló una tremenda guerra civil en Chile, en enero de 1891,  contra el gobierno autoritario de Balmaceda. Los rebeldes se levantaron en el norte chileno, en el puerto de Iquique principalmente, y buscaron el reconocimiento y apoyo de los demás estados limítrofes.

Como con el gobierno de Balmaceda fue imposible llegar a un entendimiento sobre una salida al mar a Bolivia, el presidente Arce decidió arriesgarse y reconoció a la Junta Revolucionaria de Iquique. Evidentemente, el riesgo de romper con el gobierno de Balmaceda era peligroso, pero don Aniceto conocía bien nuestra historia y sabía que la parte que domina el mar termina siempre por vencer. Así había ocurrido en la guerra de la Confederación Perú-Boliviana con Chile y, posteriormente, en la Guerra del Pacífico. Y efectivamente, eso sucedió. Las fuerzas de la Junta de Iquique desembarcaron en la zona central de ese país y vencieron a las tropas leales a Balmaceda. En Chile se constituyó un nuevo gobierno al mando del almirante Jorge Montt. Y poco después se iniciaron las conversaciones con Bolivia para llegar a un tratado de paz lo más amistoso posible.

Fruto de esos entendimientos fueron los Tratados de Mayo de 1895, durante el gobierno del brazo derecho de Arce, don Mariano Baptista, mediante los cuales Bolivia recibiría a cambio del litoral perdido las provincias de Tacna y Arica.  Pero como ha sucedido continuamente en nuestro país, los patrioteros de siempre se opusieron tenazmente a dichos tratados hasta hacerlos fracasar. Y cuando ellos subieron al poder, durante el régimen liberal, fueron obligados a suscribir el desgraciado Tratado de Paz de 1904.

En consecuencia, a don Aniceto Arce  no sólo se lo debe recordar por su extraordinaria labor industrial y ferrocarrilera, sino también por haber sido uno de los principales luchadores por romper el enclaustramiento geográfico nacional y lograr nuestra ansiada y muy necesaria salida al mar.

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