Columnistas

Don César Chávez Taborga

Fue un hombre que supo mantenerse leal a sus principios y uno de los profesionales más notables del Beni

La Razón / Homero Carvalho Oliva

01:00 / 25 de diciembre de 2011

Hay hombres que han vivido tanto, tantas vidas, tantos recuerdos, que parece que fueran muchos y sin embargo los que los conocemos sabemos que se trata de una sola persona. Uno de estos seres extraordinarios fue César Chávez Taborga, un beniano universal nacido en Magdalena hace 86 años y fallecido hace dos semanas.

La primera vez que escuché hablar de él fue en un ruedo de amigos de mi padre, allá por 1975, durante la dictadura de Hugo Banzer Suárez. Recuerdo que lo hacían con admiración y cariño. Admiración por un hombre que supo comportarse leal a sus principios, cuya ideología lo había llevado al exilio, y cariño por un paisano que desde el Iténez había sabido superar todas las adversidades de la provincia olvidada y se había convertido en uno de los más notables y prestigiosos profesionales del Beni y de Bolivia.

Me acuerdo de que sentí un inmenso orgullo de beniano cuando los amigos de mi padre fueron contando que había estudiado la docencia en las normales superiores de Santiago de Chile y París, Francia. Otro comentó que, al mismo tiempo de ejercer la docencia, ganó algunos premios como el Premio Nacional de Pedagogía que le otorgó el Ministerio de Educación y Cultura en 1951.

Mi padre tomó partido por la literatura y mencionó que fue el primero en ocuparse de la poesía beniana en una publicación en 1974, y también en escribir sobre la obra crítica de Franz Tamayo en 1961.

Volví a saber de él cuando retornó la democracia a nuestro país y con ella regresaron algunos de los míticos dirigentes políticos nacionales. Aquí debo aclarar que don César nunca tuvo un perfil político, el suyo era académico, de intelectual comprometido. Así fue que no me sorprendió que en 1985 fuera nombrado Ministro de Educación y Cultura, la merecida designación era, simplemente, la culminación de una exitosa carrera académica que lo había llevado a recorrer las aulas universitarias de países de América Latina y de Europa, en su afán por aportar al desarrollo de la educación.

En la Universidad de Los Andes de la ciudad de Mérida, por ejemplo, introdujo la formación pedagógica como requisito para ejercer la cátedra universitaria, condición que luego se convirtió en requisito de toda universidad latinoamericana.

El que siembra cosecha y sus importantes aportes fueron reconocidos por la Organización de Estados Americanos (OEA) que le otorgó en 1984 el Premio Interamericano de Educación “Andrés Bello”. Ese mismo año, el Estado boliviano lo honró con la máxima condecoración nacional: La gran Orden de El Cóndor de los Andes en grado de Caballero. Ya para que vamos a hablar de otros premios y homenajes que le brindaron instituciones públicas y privadas. Don César las tuvo todas y bien merecidas. Al César lo que es del César.

Su último libro sobre la poesía beniana, Expresión poética del Beni, es un aporte definitivo al estudio de la poesía y de los poetas de esta región del país. Con esta columna quiero que conozcan algo de don César y lo quieran como lo queremos todos los benianos.

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