Columnistas

Doy auto por aire

Respirar aire limpio es un derecho, y su preservación debería ser una cuestión de Estado.

La Razón (Edición Impresa) / Lucía Sauma

01:19 / 29 de septiembre de 2016

Nuestros cielos no son los más limpios ni mucho menos, una capa de niebla sucia se puede apreciar a simple vista en varias de nuestras ciudades. Es la contaminación que está en el aire que respiramos y que produce irritación en las fosas nasales y dolor de cabeza, o tiene consecuencias mayores como el cáncer de pulmón. Según un estudio realizado por la Fundación Suiza de Cooperación para el Desarrollo, el 80% de la contaminación en Bolivia es producida por la gran cantidad de vehículos que circulan en nuestras ciudades y por el pésimo estado en que se encuentran, a pesar de contar con el sticker de revisión técnica, formalidad que por sus resultados no garantiza nada de nada, sobre todo en los vehículos de transporte público.

Cochabamba es la ciudad más contaminada a nivel nacional, es que en la Llajta por cada cuatro personas hay un vehículo. La situación se acrecienta con la sequedad del ambiente, la falta de agua, la quema de combustibles en las cocinas y la basura acumulada en las orillas de los ríos; lo que contamina en gran medida el corazón boliviano, que además no tiene ventilación ambiental por estar ubicado en un valle cerrado. Por eso, en cuanto uno llega al aeropuerto cochabambino es recibido por el olor de las curtiembres que flota en el ambiente. Las consecuencias debieran llamarnos la atención, puesto que Cochabamba tiene los índices más altos de asma infantil, entre otros efectos nocivos sobre la salud que tiene el respirar aire contaminado.

Esta semana la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha dado a conocer que 6,5 millones de muertes al año suceden porque el 92% de la población mundial vive en lugares donde el aire está contaminado de forma alarmante. Esto quiere decir que solo una de cada 10 personas respira aire más o menos limpio. Nuevamente el transporte es la principal causa, le sigue la quema de combustible en los hogares y la quema de desechos, las centrales eléctricas y las actividades industriales.

Las recomendaciones de la OMS para combatir la contaminación y sus consecuencias en la salud son muy claras: “(...) invertir en energías limpias, en transporte ecológico son inversiones que tienen un coste-beneficio enorme y que ahorrarían no solo dinero a medio plazo, sino que también reduciría el número de enfermos y muertos”. En otras palabras, si se hace una revisión técnica de los vehículos, ésta debería realizarse en serio. Hay que masificar el transporte público de calidad en las ciudades como el PumaKatari en La Paz o el teleférico, un sistema altamente ecológico. Respirar aire limpio es un derecho. El no contaminar el aire es una obligación ciudadana. Finalmente, al ser el aire un bien de todos y de ninguno, su preservación es una cuestión de Estado.

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