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Dura Durban

Nadie quiere sacrificar su ‘desarrollo’ mientras marchan indefectibles hacia la hecatombe

La Razón / Jorge Zapp

01:21 / 17 de diciembre de 2011

Colombia está inundada. Prácticamente todas las grandes carreteras que interconectan el país se hallan interrumpidas. Han ocurrido fallas importantes en los oleoductos y gasoductos con costosos derrames de petróleo, que han invadido las fuentes de agua de varias poblaciones. Más aún, cuatro ciudades se hallan sin agua potable por destrucción de sus acueductos. Un millón de hectáreas de cultivos se han perdido y cerca de medio millón de personas en el campo y también en las ciudades han visto sus viviendas destruidas o invadidas por las aguas. Hay crisis sanitaria. Hoy, dos cuadras de una de las más importantes avenidas, la carretera 11 de Bogotá, se hundieron por lo menos un metro, fracturando los edificios que las rodean. Pensemos, por último, que solamente en los primeros cinco días de este mes, llovió sobre ese país más que todo lo que las estadísticas predecían para diciembre. Uno podría decir…

Mala suerte, o falta de previsión del Gobierno. Sin embargo, las catástrofes producidas por la lluvia el año pasado en ese país fueron casi idénticas.

Cabría preguntarse: ¿Qué está pasando? Al final de 2010, descansamos del fenómeno de La Niña que siempre había sido temporal; todos sabíamos que afectaba en menor grado a Venezuela, a Ecuador, parcialmente a Bolivia y Centroamérica. Antes podíamos reposar por siete años de semejante hecatombe. Sin embargo, este año, a partir de marzo, se repitió el fenómeno meteorológico con igual o mayor intensidad.

¿Habrá cambiado para siempre el clima de nuestro vecino? ¿Tendrán que aprender a vivir en medio de un aguacero interminable? Al fin y al cabo, las mayores precipitaciones del mundo ocurren en la costa pacífica de ese país con valores de hasta 13 metros de lluvia. O más bien… ¿Será que acá en Sudamérica, protectores del bosque y con las emisiones per cápita más bajas del planeta estamos pagando los platos rotos de los que se enriquecen destruyendo el futuro global?

La cumbre sobre el calentamiento global de Durban, Sudáfrica, terminó con un sabor agridulce. Países tradicionalmente comprometidos con el medio ambiente como Canadá tiraron la toalla al evaluar que la compra de certificados de CO2 les costaría bastante más que el PIB boliviano. Los EEUU, con un gobierno, aparentemente ambientalista, la India mística y varios otros más contribuyeron al fracaso de un pacto ambiental mundial.

Nadie quiere sacrificar su “desarrollo” mientras marchan indefectibles hacia la hecatombe. China, el mayor contaminador del mundo, abrió un pequeño resquicio, ya que al estarse ahogando en contaminación, necesita que los demás restrinjan ambientalmente su desarrollo para que la acompañen en la limpieza que tienen que hacer. ¡Egoísmos planetarios!

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