Columnistas

Educación cooperativa

Muchos consejeros no comprenden que la grandeza del cooperativismo se sostiene en la educación

La Razón / Hugo Álvarez Pally

01:16 / 16 de noviembre de 2013

La educación cooperativa debe estar inscrita en todos los estatutos, conforme manda la Ley de Cooperativas Nº 356, cuyo cumplimiento es obligatorio. Sin embargo, a pesar de su importancia, en algunas cooperativas los consejeros utilizan todo tipo de triquiñuelas para burlar la ley y vulnerar este derecho fundamental. La carencia de fondos es uno de los pretextos que más utilizan, pero contrariamente a lo que pregonan sobra dinero para gastos insulsos, como el incremento de sus dietas, y otras prebendas como viajes a eventos turísticos con suculentos viáticos o cenas trabajo; gastos dispendiosos que pagan los socios y que, como en el caso de Cotel, contribuyen a la quiebra de las cooperativas.

Sería saludable para el movimiento cooperativo cambiar de paradigmas y educar a la gente para que no siga creyendo que la cooperación es un asunto exclusivamente “mercantil”. Por ejemplo, la ausencia de control social es una de las consecuencias de la carencia de políticas en educación, con lo que la fiscalización prácticamente desaparece.

Estas prácticas oscurantistas son fomentadas por consejeros autoritarios, que tienen por finalidad ocultar las pérdidas económicas, inversiones mal proyectadas y gastos dispendiosos, que finalmente desvalorizan las acciones y conducen a una inminente quiebra de la cooperativa. La falta de educación cooperativa induce a los directivos a cometer los errores de siempre y a acrecentar sus vicios, provocando disgustos y desinterés entre los socios, lo que a su vez deriva en la inasistencia a las asambleas. Así, la comunidad ciudadana deja de creer en las bondades del sistema cooperativo. Es un daño irreparable.

Con una educación bien planificada se beneficiarían no sólo los socios de las cooperativas, sino también los trabajadores y la comunidad en general. Los consejeros aprenderían a de- senvolverse dentro los cánones de lo moral y lo ético, cumpliendo la ley y las normas internas. Los funcionarios mejorarían su relacionamiento con los socios y usuarios, e incrementarían su eficiencia, honradez y tolerancia. Finalmente, la comunidad aprendería a estimular el esfuerzo, a practicar los principios solidarios y a comprometerse e integrarse al sistema cooperativo.

No obstante, algunos consejeros lamentablemente no le dan a la educación la importancia que merece, pues la entienden como un gasto y no como una inversión. Desde esta perspectiva no logran comprender que la grandeza del cooperativismo se sostiene en la educación; que en el presente significa una inversión que a futuro redituará grandes beneficios. Es como una semilla que en el futuro permitirá cosechar frutos para la cooperativa, las familias y la comunidad en general.

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