Columnistas

¿Y si Einstein daría examen?

Muchas veces en evaluaciones universitarias predominan los méritos políticos sobre los académicos

La Razón (Edición Impresa) / Yuri F. Tórrez

05:20 / 19 de mayo de 2015

Hace menos de dos años en este mismo espacio escribí un artículo sobre la perversidad de los juegos políticos en las universidades públicas del país, que carcomían su sentido académico. En aquella ocasión terminaba con una pregunta insoslayable: ¿quién le pone el cascabel al gato? Poco ha tardado para que en la Universidad Mayor de San Simón (UMSS) de Cochabamba se desatara de la peor manera una crisis que tiene en esos juegos políticos la génesis de sus males.

Toda crisis tiene un efecto revelador. Desnuda, pone en evidencia, lo aparente se evapora para devenir en realidad dramática y lacerante. René Zavaleta con su lucidez intelectual diría “la crisis es un método de conocimiento”. Como si se hubiese hurgado el avispero, la resolución del Consejo Universitario de la UMSS determinando la titularización de los docentes extraordinarios desató una movilización estudiantil, precipitando el conflicto al punto de conducir a la universidad a su propia hecatombe.

Esta resolución se originó como parte del juego político de cara a las próximas elecciones para rector programadas para este año. La dirigencia universitaria también apuesta a sus propios intereses, considerando la próxima elección para la Federación Universitaria Local (FUL). Así queda establecido el tablero de este conflicto. Cualquier solución racional y académica en este conflicto es una quimera, ya que la salida es esencialmente parte de los cálculos políticos.

Con aspavientos hacia la opinión pública, la dirigencia estudiantil sostiene que los docentes extraordinarios tienen miedo de dar exámenes que acrediten su titularidad. Aunque posiblemente tengan razón, no explican por qué entre los muchos que se resisten a estos exámenes están también quienes tienen méritos académicos e intelectuales. Hace unos días pregunté a un amigo sobre su disponibilidad para dichos exámenes en su calidad de docente extraordinario en la UMSS, con doctorado y prestigio intelectual a prueba de cualquier evaluación, más allá del título, él confesó: “No jodan, yo tengo miedo”.

Este “miedo” no está asociado a la supuesta mediocridad docente, que se alude en el discurso estudiantil, sino a la forma de evaluación, donde normalmente predominan los méritos políticos o agilidad de maniobra por sobre los académicos. Si viviera Albert Einstein y se animaría a someterse a un examen de titularidad en la UMSS, sin pertenecer a un grupo de poder docente y/o estudiantil que gobierne en aquel espacio, seguramente se aplazaría. En todo caso, aquí estriba el meollo de la cuestión, el resto es “juego de espejos” lesionando gravemente la imagen de San Simón.

Lo más grave y preocupante de todo es que ni siquiera la solución de este conflicto estaría zanjando el tema de fondo: una crisis universitaria que nadie se anima a enfrentar seria y valientemente. No sé ustedes, pero yo estoy cansado y escarmentado. Poco a poco he aprendido que las explicaciones a la crisis universitaria desde una postura normativa no tienen sentido, pues la cultura institucional ha llegado a asentarse en juegos de poder mezquinos y perversos sin cabida para soluciones estructurales a la crisis académica. Es bueno hacer saber, pues, las barbaridades que se cometen en las entrañas del claustro universitario por parte de los distintos grupos de poder (autoridades, docentes, universitarios y administrativos), a quienes les decimos, con palabras de Cervantes: “Tú mismo te has forjado tu ventura”.

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