Columnistas

Elección en las Naciones Unidas

El mecanismo de elección está regido por usos y costumbres que precedieron ese ejercicio.

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Antonio Carrasco

02:08 / 08 de octubre de 2016

Si la elección presidencial de Estados Unidos es importante para el futuro estado del mundo, no lo es menos la nominación del secretario general de las Naciones Unidas, que deberá definirse durante la primera semana de diciembre, de tal manera que el nuevo funcionario asuma su tarea el 1 de enero de 2017, cuando el mandato del coreano Ban Ki-moon expire. Ese mismo día Bolivia ocupará una poltrona de miembro no permanente en el Consejo de

Seguridad de la ONU. La persona elegida será la novena en 70 años de vida de esa organización, de acuerdo con el difuso Art. 97 de la Carta que regula, sin mucho detalle, el procedimiento de la selección.

Si bien un principio de rotación regional señala que el turno correspondería a Europa del Este o alternativamente a América Latina, cuyo único titular fue el peruano Javier Pérez de Cuéllar (1982-1991), la postulación no está cerrada a otra región. También en notoria recomendación se insinúa —ahora— la conveniencia de dar oportunidad a una mujer. El mecanismo de elección, sin ser complicado, está regido por usos y costumbres que precedieron ese ejercicio. Corresponde a la Asamblea General elegir por dos tercios de votos al impetrante recomendado por el Consejo de Seguridad, donde el veto de los miembros permanentes (Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia) es determinante, no obstante que ningún súbdito de estas naciones puede aspirar al cargo.

Hasta el momento, en cuatro reuniones informales ya se sondeó el nivel de aceptación de los candidatos, y en la última, celebrada el 9 de septiembre, por votación codificada, como en logia secreta, se decidió “estimular” o “disuadir” a los aspirantes registrados en la larga lista. Se dice que después de ese tamiz quedaron 10 diplomáticos, encabezados por el ex primer ministro (socialista) portugués António Guterres, oriundo de Europa Occidental, pero con apoyo de los Estados lusófonos del África. Le sigue el antiguo canciller eslovaco Miroslav Lajcak, doctorado en Moscú. Luego, el joven exministro serbio Vuk Jeremic (41) que, graduado en Harvard, luce competente. A continuación figura mi amiga Irina Bokova, actual directriz general de la Unesco, quien además de ser mujer ilustre está avalada regionalmente, en tanto que ex ministra de Exteriores de Bulgaria domina cinco idiomas y se rumora que cuenta con el respaldo ruso. Otra fémina en la lista es la actual canciller argentina, Susana Malcorra, favorita de Obama y de Ban Ki-moon, de quien fue secretaria durante el decenio pasado. Sin embargo, posiblemente el Reino Unido la vete, por razones obviamente “malvinas”.

Entre todos parece con marcado chance el inocuo lusitano. Aunque en mi criterio no le ayuda mucho el antecedente protagonizado por su compatriota José Miguel Barroso, quien de jefe de la Unión Europea aceptó reciclarse en mercachifle principal de la banca Goldman Sachs, llevándose en la faltriquera un buen carnet de contactos y de secretos procedimentales. Todos los ajetreos anotados en esa controvertida elección son accesorios al acuerdo a que lleguen las dos potencias principales del Consejo de Seguridad: Estados Unidos y Rusia. Ni siquiera China tendrá una voz determinante, al menos que el Dalai Lama pretenda ese puesto.

El afortunado burócrata que resulte triunfador deberá demostrar la utilidad de la ONU para adelantar resoluciones y programas que enfrenten graves desafíos tales como el cambio climático, las repetidas epidemias, los conflictos bélicos en Medio Oriente, las oleadas de refugiados y la preservación de valores democráticos en muchos Estados miembros, cuyos pueblos están sometidos al capricho de inamovibles autócratas, tal como denunció dramáticamente el Secretario General saliente en su mensaje de despedida.  

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