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Elecciones 2014: Cálculos averiados

Las elecciones que se vienen serán, de no pasar nada extraordinario, una fiesta de color azul.

La Razón (Edición Impresa) / Rafael Archondo

00:00 / 21 de julio de 2014

Con listas de candidatos en la mano, ya sabemos a qué atenernos. Los cálculos previos, al menos los de mi parte, fallaron estrepitosamente. Pensaba que la unidad total de la oposición, al estilo Capriles en Venezuela, no requería, al menos por ahora, de ninguna consistencia ideológica. Bastaba con que todos dijeran que repudiaban la idea de entregarle, de nuevo, dos tercios del poder al MAS, para que votantes de distintos pensamientos marcaran por el mismo aspirante, sin importar mucho quién.

Hacerlo así implicaba fijar la disyuntiva predominante de los siguientes comicios entre dos polos: autoritarismo versus pluralismo. Se trataba de convocar al voto negativo, al voto freno. Más que contar con una opción, era ponerle alto a aquella más temida. Una oposición unida por el abucheo más primitivo pudo haber obligado a que los actuales gobernantes vuelvan a la humildad de partida, y acepten negociar consensos, hacer concesiones, corregir errores. Sí pues, para actuar de freno solo basta con tener fuerza condensada. Ya luego irían brotando las alternativas.

Pensaba también que si esta unidad total de la oposición no cristalizaba, como acaba de ocurrir, entonces surgirían dos oposiciones, primorosamente  alineadas a la derecha y a la izquierda del MAS. No unirse en un frente súper amplio implicaba, decía yo, volver al confortable nido ideológico a fin de explotar con profundidad dos flancos claros del electorado: los enemigos a muerte del proceso de cambio, y los enemigos a muerte de su derivación actual, es decir, los que aspiran a una reconducción, a un retorno hacia el origen.

Dicho de otro modo, ya que no se pudo sumar a todas las siglas bajo idéntica bandera defensiva, al menos se podría poner sobre la mesa del votante opciones que, esta vez, sí se alimentaran de coherencia ideológica. De ese modo, los electores hubiéramos sabido por quién votar de acuerdo con nuestra opinión particular sobre el actual proceso. Los que querían decirle al MAS que se ha oligarquizado y pervertido, tenían en el MSM, de la mano de Rebeca Delgado, una voz de aliento. Por su parte, los que le querían decir al MAS que la meta misma del proceso está equivocada, tenían en Samuel, aliado a Rubén, un vehículo de expresión. En ese caso, la disyuntiva dominante de la elección dejaba de ser la otorgación o no de los dos tercios a Evo Morales, y se transformaba en un plebiscito sobre la orientación final del proceso, un acto de aprobación o repudio del modo de gobernar desde 2006 hasta ahora.

Pues resulta que ni uno ni otro. Los antisocialistas duros, aquellos que vienen estallando en furia desde que Evo ocupó el Palacio, tienen a Samuel o Tuto.

Y no se ponga ahora a desahuciar al segundo. Quienes conocen, por ejemplo, el panorama preelectoral tarijeño saben que el expresidente le quitará cuantiosos votos al empresario. De su lado, los que añoran el impulso revolucionario de origen, los “reconductores” del proceso, solo tienen a Fernando Vargas en la papeleta, dado que la llegada de Adriana Gil al binomio “Sin Miedo” los ha terminado por ahuyentar o, al menos, confundir. De modo que ni unidad supraideológica ni oposiciones afianzadas en posturas claras; las elecciones que se vienen serán, de no pasar nada extraordinario, una fiesta de color azul. Veremos si este cálculo tiene mejor fortuna que los anteriores.

 

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