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Elecciones judiciales, el eterno retorno

Si en las elecciones judiciales el voto hubiese sido optativo, los nulos y blancos  se habrían situado en torno al 10%.

La Razón (Edición Impresa) / Juan Quiroga Moscoso

00:12 / 03 de enero de 2018

En Bolivia se han celebrado elecciones judiciales en dos ocasiones, en 2011 y en 2017, para elegir por voto universal a las principales autoridades del Órgano Judicial. En ambas oportunidades las críticas se centraron en los votos nulos y blancos. En 2011 alcanzaron el 57,67% de los votos (42,6% nulos y 15,07% blancos), y en 2017 el 65,34% (49,86% nulos y 15,48% blancos).

¿Cuáles son las posibles causas? La explicación de los altos porcentajes de votos nulos y blancos parece estar en los múltiples candidatos que compitieron, 118 en 2011 y 96 en 2017. Esta situación engloba muchas variables, como la dispersión de los votos, el desconocimiento de los candidatos por los electores, insuficiente información y tantas otras que finalmente determinan al momento del sufragio. Y como factor adicional incidió la obligatoriedad del voto, porque la gente acude voluntariamente a las urnas cuando tiene decidido por quién votar, como sucede en las elecciones de las cooperativas de telecomunicaciones, que también se desarrollan con infinidad de candidatos.

Por ejemplo, en las últimas elecciones de consejeros de Cotel fueron habilitados 26 candidatos y la participación apenas alcanzó el 5%; en Cotes compitieron 32 candidatos y la participación llegó al 29,5%; en Comteco, 44 candidatos y 16% de participación; y en Coteor, 43 candidatos y 30% de participación. El altísimo porcentaje de ausentismo se debe a la no obligatoriedad del voto. Caso contrario, los nulos y blancos fácilmente habrían superado el 85% de los sufragios. Si en las elecciones judiciales el voto hubiese sido optativo, los nulos y blancos se habrían situado en torno al 10%, similar al 8,71% de Comteco (6,36% votos nulos y 2,35% blancos), y el 8,8% de Coteor (5,4% nulos, 3,4% blancos).

La combinación de una lluvia de candidatos, la falta de liderazgos públicos y la insuficiente visualización de las propuestas se convierten en un dique para los votos válidos, debido a que la atención de los electores tiende a centrarse en pocos candidatos o liderazgos visibles que encabezan las campañas y presentan sus propuestas. Así lo demuestra un estudio de la Fundación UNIR, en el que se infiere que las personas deciden su voto tomando en cuenta principalmente los perfiles (38,3%) y las propuestas (37,3%) de los candidatos.

Entonces, primero, las elecciones judiciales no fueron ni serán plebiscitarias. Esta interpretación fue descartada cuando en 2011 la suma de los votos nulos y blancos alcanzó el 57,67% y tres años después, el presidente Evo Morales fue reelegido con el 61,36% de los sufragios en 2014. Segundo, el porcentaje de los votos nulos y blancos no se reducirá hasta el nivel estándar del 3% de las elecciones generales o del 4,5% de los comicios departamentales o municipales aunque se modifiquen los procedimientos de preselección de los candidatos, participen los entes colegiados, se alcancen consensos entre las organizaciones políticas en la Asamblea Legislativa o se realicen en gobiernos diferentes al actual. Y tercero, en las próximas judiciales “retornarán” las valoraciones y descalificaciones que se utilizaron en 2011 y 2017; a pesar de todo, se debieran perfeccionar los procedimientos de preselección y flexibilizar las campañas para que los ciudadanos tengan mayor acceso a la información de los perfiles y las propuestas de los candidatos.

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