Columnistas

Elecciones presidenciales en democracia

La segunda vuelta significa un avance cualitativo en cuanto al respeto de la voluntad popular

La Razón / Romano Paz

00:56 / 21 de junio de 2012

Como preámbulo cabe destacar que el próximo 10 de octubre  se cumplen 30 años de nuestro retorno a la democracia, esto luego de haber padecido más de dos décadas de gobiernos despóticos.

Si hacemos una retrospectiva, constataremos que en las primeras elecciones democráticas para acceder al cargo de presidente constitucional, si el más votado no obtenía el 50%+1 de los votos válidos, el nuevo presidente debía ser designado por dos tercios del congreso en pleno; si se daba un escenario de empantanamiento hasta una segunda sesión del congreso, se debía realizar una tercera sesión para designar al mandatario por mayoría simple. Sin embargo, nuestra clase política siempre se inclinó por establecer pactos, acuerdos y coaliciones de gobierno para evitar designar al  mandatario por mayoría simple.  

Un hito importante a considerar es que antes de que Evo Morales se proclamase presidente electo en 2005, con una votación por encima del 50%, ningún otro candidato de nuestra breve historia democrática había logrado jamás asomarse a ese umbral. Precisamente debido a los bajos niveles de votación obtenida por los candidatos presidenciales, un 5 de agosto de 1989 paradójicamente fue proclamado por el Congreso como presidente constitucional de la República Jaime Paz Zamora, que apenas había obtenido una votación del 21,83% y había salido tercero en las elecciones. Esta incongruente figura se da gracias al apoyo político que recibió del segundo candidato más votado, el exdictador, general retirado, derechista y antiguo rival ideológico: Hugo Banzer Suárez.

Con este apoyo a Paz Zamora, Banzer evitó que asuma como presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, quien había ganado las elecciones, pero con menos del 50%+1 requerido para asumir de manera directa. Esta figura fue posteriormente abolida para evitar que nuevamente un tercero asuma funciones presidenciales, quedando el Congreso restringido a elegir al nuevo mandatario entre el primero y el segundo más votado.

Este tipo de coaliciones o megacoaliciones de gobierno se manejarían de una forma muy pragmática, y terminarían marcando la pauta o el ritmo de lo que hoy conocemos como el periodo de los “gobiernos neoliberales”. Pues tres partidos políticos (ADN, MIR y MNR) tendrían un rol casi hegemónico en la dinámica política boliviana, ya que cíclicamente se aliarían con fuerzas minoritarias para poder acceder al gobierno. Bajo esta lógica se irían alternando en el poder hasta la caída de Gonzalo Sánchez de Lozada  en octubre de 2003. Durante este periodo, la triada ADN, MNR y MIR ocuparon a su turno las tres funciones que permite el sistema de gobierno democrático; oficialismo, aliado y oposición.

A partir de la nueva Constitución Política del Estado, promulgada en 2007, si el primero más votado no llega al 50%+ 1, se va automáticamente a una segunda vuelta, lo que significa un avance cualitativo en cuanto se refiere al respeto de la voluntad popular manifestada mediante el voto ciudadano, universal y secreto.

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