Columnistas

Elefantes blancos

Muchos productos de la vieja industria  a la que nos adherimos pueden dejar de ser competitivos

La Razón / Dionisio J. Garzón M.

00:00 / 23 de marzo de 2012

Hace un par de años en esta columna me refería al apelativo del título, aplicable a algunos de nuestros proyectos de desarrollo basados en la minería que por su larga data y su dilatada e inefectiva implementación merecían tal distinción. Hace más de medio siglo que venimos hablando del Mutún, de la fundición de zinc, de la industrialización del Salar de Uyuni, del complejo metalúrgico de Karachipampa, de la volatilización del estaño en La Palca y de muchas otras iniciativas de desarrollo, que ya suenan a letanías quejumbrosas de las que no podemos salir.

Hoy como ayer seguimos en la brecha hablando de lo mismo, inundando la prensa con anuncios sobre algunos de estos “elefantes blancos”. De manera particular en estos tiempos del Mutún, de Karachipampa y también del Salar de Uyuni, aunque este proyecto ya tiene su avance, sin prisa pero sin pausa, hacia una lejana y todavía incierta concretización. Lo cierto a esta altura del tiempo es que mientras tratamos de resucitar estas viejas ideas del siglo anterior el mundo se mueve hacia metas de una revolución tecnológica que dejará seguramente sin utilidad muchos productos de la vieja industria clásica a la que afanosamente nos adherimos.

No pretendo ser pesimista ni crítico a estos emprendimientos ni mucho menos, son retos muy importantes para todos los bolivianos el concretarlos, pero me asusta la levedad con que asumimos que pese al inexorable paso del tiempo nuestros proyectos, cuando al fin sean una realidad, seguirán siendo competitivos en precio y calidad de productos y que el mercado seguirá esperando para consumirlos; puede no ser así. Hoy en día la prensa especializada está inundada de noticias sobre la batalla sin tregua por el control de mercados tan particulares como del litio, potasio, metales de las tierras raras y platinoides, que marcan el paso de los cambios tecnológicos. En Sudamérica es muy clara esta batalla entre Argentina y Chile por el mercado del litio y del potasio (ver mi columna del 30.12.11) y en el hemisferio norte entre Canadá y Australia por el mercado de estos metales y también por el de platinoides y tierras raras. Brasil, en Sudamérica, y China, Japón y Estados Unidos, en el norte (los mayores mercados de consumo) se mueven en el sentido de garantizar sus mercados internos y la provisión de materia prima para su creciente demanda industrial y tecnológica. Se cierran acuerdos, contratos y convenios a futuro, mientras nosotros seguimos remando a contracorriente para poder producir acero, zinc metálico, plomo o bismuto; metales de bajo precio, con enorme competencia a nivel regional y global y de reservado diagnóstico de mercado para nosotros, país mediterráneo, sin infraestructura industrial y por consiguiente de altos costos de producción.

Sin dejar de atender el despertar de nuestros “elefantes blancos” que se dará pese a las adversidades, es recomendable un bajo perfil que permita trasladar los esfuerzos de la guerra de anuncios al campo de operaciones y al meditado análisis para resolver los cuellos de botella que frenan su desarrollo (energía para el Mutún, materia prima para Karachipampa, costos de transporte, etc.). Esto dará opción a algunos niveles especializados de planificar adecuadamente la inserción del país a la otra revolución tecnológica e industrial a la que realmente deberíamos adherirnos como país.

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