Columnistas

Eliminación de la violencia contra la mujer

Si todas y todos trabajamos juntos, seremos capaces de lograr un mundo más igualitario

La Razón (Edición Impresa) / Phumzile Mlambo-Ngcuka

00:00 / 25 de noviembre de 2015

La violencia contra las mujeres y las niñas sigue siendo una de las violaciones de los derechos humanos más graves —y la más tolerada— en todo el mundo. Esta lacra es tanto causa como consecuencia de la desigualdad y la discriminación de género.

Su presencia persistente constituye uno de los indicadores más claros del desequilibrio de las sociedades, y tenemos la determinación de hacer que esto cambie en el mundo. En este Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, volvemos a alzar nuestra voz para decir que este tipo de violencia:  Es inaceptable. Se puede evitar. Se puede prevenir.

A pesar de que no existe una solución única para un problema tan complejo, hay pruebas cada vez más numerosas acerca del tipo de acciones que pueden detener la violencia antes de que se produzca, sobre todo si dichas medidas se aplican de forma paralela.

Creemos que con los esfuerzos concertados de todas las partes involucradas, desde los gobiernos hasta las personas, seremos capaces de eliminar las relaciones y estructuras de poder desiguales entre hombres y mujeres, así como de poner de relieve los cambios necesarios en actitudes, prácticas e instituciones.

Imaginen lo diferente que sería el mundo para las niñas si pudiéramos evitar el matrimonio precoz y la mutilación genital femenina, la inacción frente a la violencia doméstica, los mensajes de texto abusivos, la impunidad de los violadores, la esclavización de las mujeres en zonas en conflicto, el asesinato de defensoras y defensores de los derechos humanos de las mujeres o la hostilidad a la que se enfrentan las mujeres en las comisarías de policía o los tribunales cuando dan testimonio de la violencia sufrida. 

Hemos avanzado en la mejora de las leyes que tipifican éstos y otros actos como constitutivos de violencia e invasión de los derechos humanos. Un total de 125 países cuentan actualmente con leyes contra el acoso sexual y 119 disponen de leyes contra la violencia doméstica, pero solo 52 han aprobado leyes referentes a la violación en el matrimonio.

Sabemos que las y los líderes, sean directoras y directores generales de empresas, primeras ministras, primeros ministros o docentes, tienen capacidad para establecer políticas de tolerancia cero contra la violencia.

La movilización comunitaria, las intervenciones grupales dirigidas, tanto a mujeres como a hombres, los programas educativos y el empoderamiento de las mujeres son algunas de las intervenciones que ejercen efectos positivos cuando se combinan con otros cambios legales, conductuales y sociales.

Estamos impartiendo capacitación previa al despliegue del personal encargado del mantenimiento de la paz con el fin de que sea más sensible al género y proteja mejor a la población civil en las zonas en conflicto.

En el día de hoy, en el que ponemos en marcha la campaña “Pinta el mundo de naranja”, sabemos ya que las conductoras y los conductores de los tuktuk de Camboya, las estrellas de fútbol en Turquía, las funcionarias y los funcionarios de policía de Albania, las y los escolares de Sudáfrica y Pakistán y cientos de miles de personas más en todo el mundo están tomando posiciones.

Hoy, por primera vez, contamos con objetivos explícitos para eliminar la violencia contra la mujer en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Para lograr esos objetivos es necesario acelerar las actuaciones.

Cuando, el 27 de septiembre de 2015, más de 70 líderes de todo el mundo subieron al estrado durante la Reunión de Dirigentes Mundiales sobre la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres celebrada en Nueva York, la mayoría de ellas y ellos manifestaron que la eliminación de la violencia contra las mujeres y las niñas es una prioridad.  Y ciertamente lo es.

Estoy convencida de que si todas y todos trabajamos juntos: gobiernos, organizaciones de la sociedad civil, el sistema de Naciones Unidas, empresas, escuelas y personas que se movilizan a través de los movimientos solidarios, seremos capaces de lograr un mundo más igualitario —un planeta 50-50— en el que las mujeres y las niñas podrán vivir sin violencia.

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