Columnistas

Elogio de la biografía

Las biografías de los escritores deberían contar aspectos que ayuden a comprender mejor su obra

La Razón / Wálter I. Vargas

00:49 / 07 de septiembre de 2013

Dice Lezama Lima que un lector de literatura puede tener un libro en sus estantes durante años, hasta que de pronto una fuerza misteriosa decide que ha llegado el momento de leerlo. En otros casos, por el contrario, hay libros que uno lee apenas los compra. Hablaba de esto para resaltar el papel agraciado y venturoso que cumple el azar o el capricho en el consumo personal de la literatura, o incluso de cualquier producción libresca. Ahora que se puede disponer de los libros con gran facilidad, me parece que este papel del albur en su consumo se ha vuelto tanto más saludable, para no desesperar de la avalancha a disposición.

Hace días encontré en una librería la famosa biografía de Proust escrita por George Painter (que andaba buscando hace tiempo), pero sólo el segundo tomo, y la compré, aun sabiendo que quizá ya no lea el primero. Decidí obedecer a este otro azar, mucho más si esa segunda parte es la volcada precisamente a describir los años en que un Proust ya maduro para su obra, la emprende finalmente hasta su muerte. Es que, tratándose de grandes escritores, el interés básico de sus biografías es, o debería ser, contar los aspectos de su vida que ayudan a comprender mejor su obra, y no iluminar, como a menudo ocurre, sus intimidades o secretos.

Éste de la biografía, se sabe, es un tema polémico y muy trajinado, sobre todo desde que la llamada nueva crítica del siglo XX, tanto en el contexto latino como en el anglosajón, despreció ocuparse de la vida de los escritores en aras de lo que éstos dejaron como obra (bajo el argumento conocido como falacia biográfica), pero también por el señalado problema espinoso de la privacidad a que tiene derecho un escritor, incluso después de muerto.

Leon Edel, el biógrafo de Henry James, tiene un precioso e inteligente librito dedicado a explicitar en sus múltiples y apasionantes aspectos lo que con justicia llama el arte de la biografía. Y si lo llama arte ya no es necesario abundar en la decidida apuesta que hace por el valor estético de la narración de las vidas no sólo de los artistas. Se llama en español Vidas ajenas. Principia Biographica, y en él, entre muchas otras cosas de un valor sin desperdicio, cuenta a modo de anécdota que I. A. Richards, entonces uno de los gurús de la nueva crítica en inglés, le había reprochado observar detalles de la vida de James en Una vuelta de tuerca, uno de los célebres relatos del novelista norteamericano. “¡Nada de biografía! Aténgase al texto”, le habría espetado triunfante el crítico. Minutos más tarde, sin embargo, se le había escapado el comentario de cuánto le había ayudado a entender los cuentos de James enterarse de la actitud que éste tomaba frente a los comentarios. ¿Nada de biografía?

En nuestro medio, Carlos Medinaceli se ha ocupado del tema, aficionado como era a leer vidas de gente eminente. Se llama Apuntes sobre el arte de la biografía, y está incluido en el libro que se conoce como La inactualidad de Alcides Arguedas (digo se conoce porque, como casi todos los libros de Medinaceli editados por Amigos del Libro, es una “juntucha” de textos, hecha con las mejores intenciones del mundo, pero sin mínimos requisitos editoriales. No se sabe, por ejemplo, dónde ha sido publicado este artículo, de manera que hay que presumir por su lectura que se lo hizo por entregas en algún periódico paceño, en 1944 o poco después).

Aunque extenso y pleno de información, este texto no es lo mejor que Medinaceli ha hecho. Pese a ello, como todo en él, muestra más seriedad y conocimiento que la mayoría de sus contemporáneos. Pondera, por ejemplo, presuntas biografías de un nivel bajísimo, como el que Moisés Alcázar hace de Abel Iturralde, politiquero nacional de la primera mitad de siglo XX, pero al mismo tiempo demuestra un notable grado de erudición sobre la biografía internacional y nacional de la época.

No se puede decir que en Bolivia tengamos buenas biografías, no sólo literarias, sino en general, así que, como adscrito a la posición Leon Edel, espero que algún miembro de las entusiastas nuevas generaciones literarias se anime a encarar el arduo arte de la biografía literaria.

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