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Embarazo adolescente

El embarazo precoz trunca el crecimiento físico, psicológico e intelectual de las adolescentes

La Razón / Lucía Sauma

00:11 / 09 de agosto de 2012

Tiene 24 años y un hijo de 11, el resultado de la resta dice que ella tenía 13 cuando fue madre. Era una adolescente con una vida en brazos, por supuesto que no continuó el colegio, que pronto comenzó a trabajar para mantener a su hijo y a ella misma. Es una de las muchas jovencitas, casi niñas, que sin ningún paso previo pasan de las muñecas al bebé de carne y hueso. Según la Encuesta Nacional de Salud (Endasa) 2008, en Bolivia dos de cada diez menores están embarazadas.

La historia de estas adolescentes ratifica lo que  años de  investigaciones han demostrado:  los embarazos en menores  entrañan graves riesgos  para la  vida de la madre,  cuyo cuerpo  en etapa de formación  puede sufrir subidas de presión capaces de ocasionarle desde convulsiones hasta un coma que termine con su vida. Asimismo,  los bebés de madres adolescentes tienen de dos a seis veces más probabilidades de tener bajo peso al nacer, por ser generalmente  prematuros, lo que significa que los hijos de mujeres muy jóvenes tienen menos probabilidades de vivir que los nacidos de madres de 20 o más años.

El embarazo adolescente termina por truncar el crecimiento físico, psicológico e intelectual principalmente de las mujeres, quienes generalmente terminan como madres solteras; así abren de par en par las puertas de la pobreza y la marginación. En Bolivia cada hora tres adolescentes se embarazan, según datos de Marie Stopes-Bolivia.

No es culpa de las niñas madres, es un error de la sociedad que vive en una continua doble moral: condena a las adolescentes que se embarazan, y al mismo tiempo les oculta información por “vergüenza” . No acepta fácilmente la educación sexual porque teme “abrirles  los ojos”, prefiere que lo haga la televisión donde todo se puede ver sin que nada se tenga que explicar.

El embarazo precoz termina con el proyecto de vida de las adolescentes. Esa es una verdad que no se puede negar; pero en realidad ¿hay un proyecto de vida? El mayor problema es que en la mayoría de los casos no hay proyecto de vida. La sociedad no da la posibilidad, la oportunidad, la libertad, para que una adolescente construya su proyecto de vida; y esa falta se convierte en una causa para incrementar la tasa de embarazos en niñas que crecen en una sociedad donde los adolescentes no cuentan, porque son una población sándwich, no son niños, tampoco adultos, parece que no son nada, es la “edad del burro” a la que nadie entiende y tampoco interesa entender, aunque todos hayamos pasado por ella.

La adolescencia es una edad de búsqueda de oportunidades, de desafíos, de rebeldía creativa. Es una edad decisiva que merece ser encarada con mayor seriedad, dando más oportunidades de construir el mundo que de prohibir tocarlo.

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