Columnistas

Embellecimiento de las ciudades

Las ciudades más prestigiosas saben cómo ‘vender’ sus atractivos al habitante y al turismo

La Razón / Patricia Vargas

01:54 / 13 de junio de 2013

La Historia muestra cómo las ciudades, desde su nacimiento, han ejercido una atracción poderosa no solamente sobre sus habitantes, sino sobre quienes moraban en territorios vecinos. Esto posiblemente motivó una especie de búsqueda de su embellecimiento, y fueron la arquitectura y las artes las que cumplieron con aquello. Así, las primeras ciudades (por ejemplo Atenas en el siglo IV) erigieron templos que no sólo rivalizaron en esplendor de una ciudad a otra, sino que sus monumentos y santuarios (ornados con obras maestras) colaboraron en la migración de nuevos pobladores.

Escritos dan cuenta de que en La  Paz, en 1888, se prendieron por primera vez las luces del alumbrado de energía eléctrica (seguramente fascinando a los habitantes de entonces), y luego, en el nuevo siglo, se dieron cambios como la apertura de vías y la refacción de parques y plazas. Tampoco faltaron hechos particulares como el de 1915, en el que la ciudadanía toda (según una imagen de esa época) observó el despegue de un globo iluminado (Dirección de Patrimonio del GMLP). Posteriormente, entre  los 70 y 80, las fachadas de varias obras arquitectónicas relevantes del centro fueron iluminadas. La idea era resaltar los valores estéticos de cada una de esas edificaciones. Empero, fueron de- sapareciendo poco a poco.

Hace unas semanas, la población fue invitada al encendido de la iluminación de los puentes Trillizos, cuyo acto si bien se demoró en comenzar derrochó entusiasmo.

Esa noche, la gente bajó a pie por las aceras de las avenidas adyacentes en busca de la conquista de ese espacio y el disfrute de momentos agradables, sobre todo por la presencia de la Orquesta Sinfónica y varias morenadas. Y llegó el momento cumbre: el encendido de las luces. Dicha escena no sólo impresionó a los presentes por sus diferentes colores, sino porque el entorno daba cuenta de que el orden establecido se había roto. Así, el otrora canal de tránsito vehicular se convirtió de pronto en el espacio longitudinal que renació al despliegue de iniciativas y sensaciones.

En definitiva, ese juego luminotécnico logró “reinventar” el valor y sentido de los puentes Trillizos. Y es que si bien forman parte de la ciudad, cumpliendo la función para la que fueron construidos, no cabe duda que hoy (con el plus de las luces) son parte indiscutible “del embellecimiento de La Paz de noche”. Asimismo, es necesario remarcar que algunos sectores de esa estructura se proyectan (cada vez con mayor frecuencia) como escenarios sociales, tal es el caso de los eventos matrimoniales que tienen lugar los fines semana. Empero, tampoco se pueden omitir otras realidades como, por ejemplo, los límites extremos de los Trillizos, que parecen enunciar la necesidad de ciertos vínculos, principalmente en uno de sus lados.

Las ciudades más prestigiosas desde hace mucho saben cómo “vender” sus atractivos al habitante y al turismo. Y trabajan para ese fin con todos los instrumentos a su alcance, entre ellos, la buena iluminación y la bien concebida luminotecnia. Ésta última despierta sensaciones estéticas en el observador por los efectos visuales y, en algunos casos, el sobredimensionamiento de ciertas cualidades.

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