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Empresarios q’epichones

El proceso de cambio no nos está respondiendo a las mujeres en materia económica laboral

La Razón (Edición Impresa) / Julieta Paredes

00:00 / 01 de diciembre de 2013

El doble aguinaldo ha significado en los medios de comunicación una especie de confesionario. Los empresarios acudieron a quejarse de todas las formas posibles, algunos con un tono burlón como quienes estuvieran mirando algo chistoso; otros,  indignados como si se sintieran traicionados. También del otro lado se encuentran de las más variadas reacciones; hay los que se oponen porque hay que oponerse, porque nada está bien y todo está mal, demostrando las formas poco reales del análisis que esgrimen.

Los argumentos del Gobierno para el doble aguinaldo son razonables: “si la economía crece, la gente debe sentirlo en su bolsillo”; y yo lo entiendo y lo aplaudo. Ya me parecía bien raro que los empresarios en estos siete años no hayan protestado, pues si hablamos de un proceso de cambio, el capital debería haber sentido este cambio; entonces, cómo se explica el silencio de los capitalistas en la mayoría de los casos de medidas económicas, y mucho más extrañada cuando el presidente de los empresarios privados dijo apoyar las medidas del Gobierno y los vimos en grandes abrazos con las autoridades estatales. Es cierto, no se trata de pelearse a cada rato, pero es importante mantener distancia con quienes mantienen sus privilegios a costa del trabajo y la explotación de las y los proletarios.

La economía crece pero los empresarios quieren seguir acumulando. Esas son las leyes de una ciencia íntegramente abocada a sostener el capitalismo, la economía. Esta última cuida el mercado, el capital, que nunca puede dejar de crecer, pues dejar de crecer significa la muerte de esta ciencia, la economía, que está obligada a hacer crecer los privilegios de los capitalistas. A la ciencia de la economía no le importa criticar su objetivo, no se basa en el trabajo, sino en el capital. La razón de la existencia del capital es que debe reproducirse, capital que no crece es capital muerto, por lo tanto, deja de ser capital.

Los empresarios están bien, no mueren de hambre, entonces, ¿de qué se quejan?, ¿son usureros?, ¿para qué quieren más dinero?. Implantan la falsa idea de que nos dan trabajo o que nos dan empleo, eso no es cierto. El trabajo siempre lo tenemos y si no hubiera capitalismos podríamos intercambiar los frutos de nuestro trabajo directamente, sin la mediación del capital entre trabajadores. Es el capital lo que perjudica y nos despoja del disfrute de nuestro trabajo. El dinero no es necesariamente capital, podría retomar la función social simbólica de representar la capacidad de trabajo y no simbolizar la capacidad de acumular y explotar.

Por último, y lo más importante para nosotras, estas medidas económicas ni de lejos responden a las mujeres, cuya mayoría no somos empleadas, pocas trabajan bajo contratos, somos generalmente eventuales, y ni qué decir de las que trabajan en crianza de las wawas y el trabajo en la casa, ese trabajo no es ni reconocido ni remunerado pero es trabajo que genera riqueza. Entonces, el proceso de cambio no nos está respondiendo a las mujeres en materia económica laboral.

Es feminista comunitaria.

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