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Engagement

En ese libro, Sartre arremete contra los novelistas irresponsables que no se comprometen

La Razón / Wálter I. Vargas

01:14 / 21 de abril de 2012

Lecturas viejas. Viejas lecturas. Aún veo el desgastado lomo de ¿Qué es la literatura?, el famoso libro de Sartre, en uno de mis estantes, con las conocidas características y colores de los libros de la editorial Losada de los años 70’. No lo he vuelto a hojear hace muchos años. Ese verdadero manifiesto del compromiso político que debe asumir el escritor fue para mí, como seguramente para muchos lectores tercermundistas, producto del azar y la curiosidad (en mi caso, de la lectura previa de La náusea y otros libros sartreanos) y de una admiración acrítica alimentada por la ignorancia y la avidez lectora.

En ese libro, Sartre arremete contra los novelistas irresponsables (afortunadamente libera del deber a poetas y músicos) que no se comprometen, que, usando la palabreja del aún sobreviviente galicismo mental y verbal latinoamericano, no son lo suficientemente engagés. Y entre ellos al que podría ser considerado el artista por excelencia, Flaubert, a quien Sartre nunca dejó de odiar lo suficiente (y a quien Flaubert, si hubiera sido su contemporáneo, hubiera odiado en la misma o mayor medida).

He vuelto a pensar en ese libro ahora que he leído el poema por el cual Günter Grass ha sido declarado persona non grata en Israel. Porque Grass es precisamente el tipo de escritor que, ahora lo entiendo mejor, prohijó ése y otros libros europeos en la segunda mitad del siglo XX. Ahora ha recurrido a un poema para advertir que Israel es tan agresivo que puede desencadenar una guerra nuclear.

Y lo que más me llama la atención es que lo haya hecho en un poema, género que Sartre despreciaba como mera distracción. O mejor, que haya recortado un texto en prosa y lo haya convertido por tanto en lo que formal y visualmente nos parece, sólo nos parece, un poema. Se puede probar esto haciendo el experimento inverso, agarrando un fragmento y eliminando los cortes de supuestos versos que tiene el texto. He aquí el resultado: “Lo admito: no sigo callando porque estoy harto de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además que muchos se liberen del silencio, exijan al causante de ese peligro visible que renuncie al uso de la fuerza e insistan también en que los gobiernos de ambos países permitan el control permanente y sin trabas por una instancia internacional del potencial nuclear israelí y de las instalaciones nucleares iraníes”.

¿Cómo no estar de acuerdo con quienes, además de cuestionar la posición política de Grass, han señalado que ha escrito un muy mal poema? Ése es uno de los secretos que, ahora lo entiendo mejor, esconde la vocación del escritor comprometido: en que detrás de la preocupación social suele haber disgusto frente a la literatura, dificultad para escribir bien. La obra de Sartre es otra prueba. Llegado el momento me gustaría indagar con mejores armas en la psicología especial que crea esa necesidad de preocuparse del otro, pero creo que ése es uno de los motivos de la literatura comprometida de Grass o su colega y compatriota Heinrich Boll.

Por esos mismos años 70’ yo escuchaba los discos de Génesis, el emblemático grupo de rock “progresivo”, y entre ellos Wind and Wuthering, título alusivo a Cumbres borrascosas, la novela gótica de Emily Bronte. Una de sus canciones reflejaba, creo, un estado de ánimo diferente y mucho más interesante: “Let's skip the news boy (I'll make some tea)/ Arabs and Jews boy (too much for me) / They get me confused boy (puts me off to sleep)/And the thing I hate - Oh Lord! / Is staying up late, to watch some debate, on / some nation's fate”. Más o menos algo así: “Ignoremos las noticias, hermano (haré un poco de té con té) / Árabes y judíos, ya estoy harto de eso / Me confunde, hermano (y no me deja dormir). / Y lo que más odio, ¡oh Dios! / Es no poder dormir, y tener que quedarme hasta tarde, viendo un debate / sobre el destino de alguna nación”.

Éste es otro manifiesto, creo yo, el manifiesto de un apolítico. Sólo he agregado “té con té” en vez de té a la traducción, no muy confiable que he leído en internet, para aclimatar un poco a la realidad nacional el poema.

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